Edith

Me llamo Edith y mi historia comienza un 25 de enero de 2008. Ese fue el día en el que mi vida cambió. Tenía 29 años y en junio de ese año me iba a casar con mi novio Carlos. Llevaba un tiempo cansada con palidez y muchísimo dolor de cabeza. Todo lo achacaba a los preparativos de la boda y a los nervios correspondientes. Como no me encontraba bien, decidí hacerme una analítica y apenas unas horas después, todo mi mundo se vino abajo.

Me diagnosticaron una leucemia mieloblástica aguda de alto riesgo. Mi estado era muy grave. Los médicos nos dijeron que si superaba las primeras 24 horas, hablaríamos de tratarme el cáncer. En esos momentos no te lo crees y piensas que eso no puede pasarte a ti, pero decidí que no iba a perder ni un sólo segundo en hacerme preguntas que no tenían respuesta y que iba a pelear como una jabata. Ya no volví a llorar y entre en modo "pelea".

Edith, ex-paciente de leucemia mieloblástica aguda, durante el tratamiento.

Estuve 28 días aislada en mi burbuja y no fue fácil. Contrariamente a lo que se esperaba, conseguimos la remisión completa en el primer ciclo. Me armé de de confianza en mi misma y en creer que lo conseguiría. Luego vino otro ciclo en el que estuve 60 días en aislamiento. Los médicos no sabían sí debía ir a un autotrasplante o a un trasplante alogénico. El primero se descartó porque mi médula estaba muy dañada y no conseguían células. Mi única hermana resultó no ser compatible.

Yo le decía a mi familia que sí una puerta se cerraba se abriría una ventana. Y así fue, tuve doce donantes. Sabiendo como cuesta encontrar donante, aquello fue una señal de que todo iría bien. Así qué tras el ciclo de consolidación, me preparé para ir a la batalla definitiva. Esa era mi gran baza para recuperar mi vida. Y fui sin miedo, con esperanza y muy preparada mentalmente.

No diré que fue fácil porque no lo fue, pero cada día me decía que era uno menos para salir de allí. En treinta días estuve en mi casa y apenas un mes después, viví uno de los días más felices de mi vida, la boda de mi hermana Silvia. Esa boda que visualice una y otra vez en mi habitación de aislamiento y que me dio fuerza para luchar. El pos-trasplante trajo algunas "cosillas", pero las enfrenté todas. Y a los diez meses del trasplante, me case con mi leal e infatigable compañero. Fue un día maravilloso, rodeada de los míos. Mi familia y amigos fueron mi soporte y apoyo en todo ese tiempo y sin ellos, no hubiese llegado tan lejos.

Edith, ex-paciente de leucemia mieloblástica aguda, el día de su boda.

Ya han pasado cinco años de mi trasplante. Cinco años de mi nueva y mejorada vida. Una vida que exprimo y valoro como antes nunca lo había hecho. Quiero que mi historia sirva de motivación y fuerza para otros compañeros que comienzan la lucha o aquellos que están inmersos en plena batalla. No dejéis paso a la desesperanza, guardar los miedos en un cajón, respiran hondo y "P'ALANTE, SIEMPRE P'ALANTE!!!"

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