Elena

Hola, me llamo Salomé Gálvez Piles, tengo 28 años y soy donante de médula.

En diciembre de 2003 diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda a mi madre, Elena, con 51 años. Tras 5 ciclos de quimioterapia entró en remisión completa. Lo recuerdo como el mayor golpe de mi vida, tanto sufrimiento, dolor, pero con los años la mente es muy selectiva y fuimos "apartándolo".

En enero de 2013, en una revisión anual, recibimos una brutal noticia para la que nunca nadie está preparado y tanto teme escuchar: recaída tardía. Se paró el mundo y la angustia nos invadía.

La hematóloga, que era la que la trataba desde hacía 10 años, era la primera sorprendida. Se podía considerar un nuevo caso. Sus palabras fueron: El 75% de la médula está afectada y el protocolo es quimioterapia y un trasplante de médula.

Mamá intentaba aparentar mucha tranquilidad, fuerza, al ver a la familia tan destrozada. Pero claro la quimio pasó factura y sobre los 20 días del primer ciclo, empezó la fiebre a subir y subir, temblores, hipotensión: shock por una bacteria... Decidieron trasladarla a la UCI porque su estado no mejoraba y estaba crítica. No tengo ni letras para explicar los sentimientos. Recuerdo la imagen de estar entrándola a la unidad y todos estábamos allí simplemente mirándola, intentando trasmitirle nuestra fuerza aunque nuestra cara y llanto era irremediable. Justo ahí cuando nos reunimos en ese pasillo mi padre, mi hermano, mi cuñada, mis tíos y mi novio, es cuando realmente fuimos conscientes de lo que estaba pasando, de lo que nos había vuelto a tocar vivir.

Mamá mejoró muchísimo, en un día controlaron la infección y en 2 días volvíamos a planta. Esa semana le detectaron unos hongos en los pulmones: aspergillus, que también eran graves pero gracias al tratamiento fueron remitiendo.

El primer ciclo fue duro, no, durísimo; madre mía qué pesadilla. Tras 60 días de ingreso nos fuimos a casa y la recuperación fue excepcional. En el segundo y tercer ciclo estuvo 1 semana ingresada en cada uno, sin fiebres, comiendo, animada. Aquello nos dio una dosis de energía para poder seguir.

La doctora citó a sus hermanos para comprobar si eran compatibles y por desgracia ninguno lo era. ¿Cómo puede ser posible? ¿Y ahora qué? El equipo médico nos habló de la Fundación Josep Carreras, de la gran labor que hace y de lo que era REDMO.

Mi hermano y yo fuimos a hacernos donantes, mi familia, primos, tios, mis amigas, amigos de amigos, los cuales estaré eternamente agradecido. Pero no hubo suerte, no encontramos ningún donante compatible... La angustia me inundó, llamando al doctor de la Fundación quien me explicaba y demandaba paciencia, que estaba en buenas manos, los compañeros del foro, ¡qué gran familia! Personas que no conoces que sienten lo mismo que tú, qué identificada me he sentido y me siento.

Tras un comité decidieron hacerle una nueva modalidad de trasplante "haploidéntico" el cual compite con solo un 50% de compatibilidad, y los candidatos eran: mi hermano Nacho, su hermano Andrés y yo. Y después de las pruebas pertinentes (placa torax, analítica y electro) me eligieron a mí. Tengo el mismo grupo sanguíneo y ante un virus tengo una defensa natural que ellos no tienen así que era yo.

Lloré muchísimo, cuántos sentimientos; iba a poder ayudar a mi madre en algo. Cuántas veces pensé que ojalá me hubiese pasado a mí, que me cambiaba por ella. ¡Iba a darle mi médula! Es mi madre, mi vida.

Me citaron en el hospital, me explicaron el procedimiento y empecé el tratamiento: 5 inyecciones de los factores de crecimiento hematopoyéticos; Neupogen (inyección tipo insulina) durante 5 días; los únicos efectos secundarios fue cansancio y dolor óseo, como una gripe pero sin sintomatología.

Llegó el 21 de mayo y a las 9 de la mañana comenzó la aféresis. Duró 4 horas en las cuales tenía una enfermera y una doctora a mi lado. Estaba cómoda y relajada y no sentía nada. Sólo deseaba que todo fuese bien. Finalizó la donación, hicieron un recuento y me dijo que había células de sobra, y no tenía que volver al día siguiente. Recuerdo que fui a ver a mi madre, y por el cristal le dije que ya estaba hecho y que mañana sería el gran día y que iba a ser tan fácil como había sido para mí. El cansancio y el dolor óseo desaparecieron al instante.

El 22 de mayo a las 12 de la mañana, llegó una doctora y mediante su vía central conectó la bolsa con mis células. Duró unos 30 minutos (procedimiento igual que una transfusión sanguínea) y ya estaba el trasplante realizado.

La primera semana fenomenal, no notaba nada, pero luego la quimio volvió a hacer de las suyas: fiebres altas, cistitis hemorrágica, mucositis... Pobre mamá, estaba tan cansada de esto, qué duro es.

Y a día de hoy, después de pasar los 8 meses del trasplante, va todo bien, días mejor, días peores, pero pasan en positivo que es lo importante.

No tengo palabras suficientes de agradecimiento al Hospital Clínico de Valencia; sus médicos: Marisa, Blanca, Piñana, enfermeras, auxiliares... ¡qué gran labor! ¡Qué gran trato! Repito también a esta Fundación y, como no, a mis grandes amigas: Cristy, Alba, Leti, Alex, Vane, Randa, Melo... Mis profes de la escuela de enfermería, compis de clase... A TODA MI FAMILIA: nuestra Tia Filo y Andrés que se volcaron y ello nos unió más que nunca, también a mi novio Alejandro y toda su familia.

Espero que sirva para poder ayudar a alguien que se encuentre en una situación similar aunque sea con estas palabras de aliento. Quiero animar a la gente a la donación porque nunca sabes quién te puede necesitar y ojala algún día volviesen a necesitarme que iría encantada.

Y sobre todo a Mamá; con esa fuerza que siempre la ha caracterizado, que más que nunca le hizo falta, esa valentía, ese coraje... Estamos todos muy orgullosos de ti, eres la mujer más luchadora y fuerte que conozco, gracias por hacerlo por nosotros porque nos haces mucha mucha falta. Y gracias a la vida por esta segunda oportunidad.

NADIE DIJO QUE FUESE FACIL; SÓLO QUE FUESE POSIBLE.

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