Fabricio

"Mi vida transcurría muy tranquila. Con 26 años me encontraba estudiando en la universidad, llevaba una buena vida, practicaba deporte, conservaba un buen estado atlético... Nada hacía suponer que algún tipo de enfermedad se podría estar cociendo en mi interior.

Esta tranquilidad duró poco pues, en un estudio de rutina, me realizaron unas radiografías de tórax y en ellas se observaba una lesión en uno de los pulmones. Comenzamos entonces una serie de estudios con la intención de determinar el origen de aquella lesión. Desafortunadamente tras infructuosos estudios no podíamos calmar la inquietud que nos invadía. ¿Qué sería aquello que había aparecido? Decidimos por entonces suponer que se trataba de alguna lesión antigua y que lo observado actualmente se trataba de una indefensa cicatriz pero, para estar más tranquilos, una vez al año realizaría un examen. Durante un par de años, repetidas radiografías no manifestaban ningún cambio sustancial y los análisis de sangre eran relativamente normales, aunque algún que otro valor expresaba algún comportamiento extraño: alguna infección en una muela, algún que otro resfriado... Bajo estas simples excusas intentaba quedarme tranquilo y pensar que todo estaba en buenas condiciones.

Fabricio, ex-paciente de Linfoma de Hodgkin

Hasta que nuevamente la historia se repetía: otra maldita lesión se observaba nuevamente en un pulmón. En ése momento sentí mucha impotencia, ya no quería repetir las situaciones anteriores y "no encontrar nada". Obviamente eso fue lo que ocurrió.

Dentro de mí sabía que algo no andaba bien. Numerosas señales intentaban alertarme a gritos, pero claro, yo no las veía o no las quería ver. Para trazar una metáfora, era como si fuese conduciendo un coche donde en el tablero titilaban muchas luces rojas pero, como si fueran sólo a modo de decoración, yo continuaba mi viaje. Aquellas "luces" en el tablero eran: picazón en el cuerpo, sudoración nocturna, algunas líneas de fiebre de modo espontáneas, tos, pérdida de peso y de apetito, decaimiento, intolerancia a bebidas con alcohol. Después de todas estas señales parecería que era imposible no darse cuenta que algo estaba sucediendo, ¡pero no! Quizás todo ocurre de manera tan progresiva que quien lo padece se comienza a familiarizar con los síntomas, no lo sé. Hasta que, de un día para otro, un ganglio de consistencia pétrea apareció en la zona supraclavicular. ¿Y eso? Un médico ordenó realizar una biopsia, a la cual con desgano accedí, ya que temía que nuevamente no encontrasen nada. Intentaba evitar estar en situaciones de estrés.

La biopsia fue concluyente: Linfoma de Hodgkin, ¡con mucho gusto! Jamás había escuchado hablar de tal "señor". A partir de ahí los procedimientos son bastante parecidos: una vorágine de estudios para determinar con exactitud el tratamiento a seguir, quimioterapia, análisis, médicos, familia y más familia.

Fabricio, ex-paciente de LH, con su familia

La enfermedad se encontraba bastante avanzada. Tenía ganglios en el cuello, tórax y abdomen, en éste último muy grandes. Tal vez sonará extraño, pero cuando interioricé mi enfermedad fue como sacarme una mochila muy pesada que llevaba encima. Era obvio que las condiciones en las que me encontraba no eran las mejores y, saber la causa, conocer el nombre y apellido contra quien peleaba, me generó una sensación de tranquilidad. Jamás me pregunté por qué a mí sino, ¿por qué no a mí?

Ya pronto se cumplen 3 años desde que finalicé el tratamiento. Por supuesto, religiosamente cada 6 meses me realizo exámenes de rutina para estar atento a posibles cambios. Nunca he sentido que la guerra está ganada; soy más de pensar que todos los días tengo que estar atento para la batalla y bajar la guardia.

Mi lucha no la viví solo. Aparte de la familia, amigos y conocidos, siempre sentí la presencia incondicional de mi compañera. Ésta es una de esas enfermedades donde el enfermo pone el cuerpo y el entorno pone el alma.

Hoy no me siento como si fuera otra persona, sino la misma pero un poco más completa. Cuando encontramos una pausa en nuestros días recordamos aquellos momentos con gratitud y gran optimismo, creo que todos aprendimos algo."

Fabricio Walsser, Argentina, Ex-paciente de Linfoma de Hodgkin

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