Flory

Me llamo Flory. En el año 2007, con 34 años, me diagnosticaron un linfoma de mediastino en estadio IIIA.

Todo empezó un día que me palpé un bulto en el esternón, fui al médico y empezaron a realizarme pruebas pero no encontraban el porqué de aquel bulto. Cada vez me encontraba peor: me salían úlceras en la boca, estaba cada vez más cansada y empecé a tener una extraña tos. La semana anterior a semana santa, me hicieron un TAC y me dijeron que enviarían los resultados a mi médico.

Pacient Flory

En semana santa y la semana de Pascua me fui de vacaciones; me encontraba mal, no respiraba bien, me mareaba, tenía la tensión alta, me sentía cansada y tuve que ir varias veces al médico. Al llegar a casa después de las vacaciones, tenía varias llamadas perdidas del hospital; me asusté un poco y comenté con mi marido que algo no iba bien. Al día siguiente, me llamaron del hospital y me dijeron que tenía que ingresar para hacerme unas pruebas. Me hicieron una biopsia, estuve dos días ingresada y me dieron el alta. A los pocos días, me volvieron a ingresar para hacerme otra biopsia. Mi doctor vino a la habitación y le pregunté: ¿Qué me pasa, qué han encontrado? Y me dio la noticia: era el 25 de abril de 2007 y el diagnóstico: linfoma de mediastino en estadio IIIA, un tipo de linfoma no Hodgkin.

No me lo podía creer, me preguntaba: ¿por qué yo?, ¿qué va a pasar ahora?, ¿cómo se lo digo a mi familia y a mis hijas?, ¿podré superarlo?  Los médicos intentaron tranquilizarme en la medida de lo posible explicándome en qué consistiría el tratamiento que, aunque sería muy duro, yo era muy joven y tenía que luchar fuerte por la vida.

El día 4 de mayo me administraron el primer ciclo de quimioterapia de los 6 que tenían que ponerme (uno cada mes). Lo peor era tener que estar ingresada unos días para cada ciclo. La verdad es que las quimios eran horribles, lo pasaba muy mal, pero no me desanimaba. Cuando no estaba ingresada, salía a la calle, aunque me costara mucho trabajo, no podía desfallecer, había que seguir luchando. Al finalizar los 6 ciclos, me hicieron un TAC y un PET y el diagnóstico: REMISION COMPLETA. ¡Sí! Lo había superado. Gracias a mis médicos que siempre me animaron y me cuidaron con mucho cariño. Y especialmente gracias a la familia y los amigos. Gracias a mi marido y mis hijas por hacerme buenos los malos días. GRACIAS.  Fui recuperándome poco a poco. Pasó un año y medio y volví al trabajo. La normalidad era el mejor síntoma de que todo iba bien.

Pero llego un día en que, volví a sentirme cansada, volvieron las úlceras en la boca. Decidí ir al médico de cabecera, que me hizo unos análisis. El resultado no era bueno y dados mis antecedentes clínicos me derivó a mi hematóloga. Me pasó de todo por la cabeza. En hematología me hicieron análisis y me dieron los resultados en una hora. Entré en la consulta, muy nerviosa y allí estaba mi doctora, Mª Angeles Goñi, un amor de persona. Ella me dio la noticia: No, no se había reproducido el linfoma, lo que tenía ahora era leucemia. No me lo podía creer. Otra vez las mismas preguntas: ¿por qué yo?, ¿y ahora qué pasará? La doctora intentó tranquilizarme un poco explicándome el tratamiento a seguir, las quimios iban a ser durísimas pero, tenía que luchar. Era el día 22 de diciembre, el día de la lotería de Navidad, el día que la gente dice: no me ha tocado, pero al menos tengo salud; pues yo ni eso.

La Flory al hospital

Aquel mismo día me hicieron un aspirado de medula ósea para analizar y el resultado fue: leucemia mieloide aguda. Otra vez había que luchar por la vida y esta vez la lucha iba a ser más dura. Había que hacer las quimioterapias pero además hacía falta un trasplante de medula ósea. Ingresé el día de Navidad y al día siguiente, empezaron con la quimioterapia. El tratamiento era durísimo. Después tenía que estar en una habitación aislada hasta que me subían las defensas. O sea, un mes o mes y medio ingresada por cada quimioterapia. El aislamiento era muy duro y no podía salir de la habitación aunque siempre había alguien conmigo, mi familia, mis amigos, todos se volcaron.

Llegó el día de hacer las pruebas de compatibilidad para el trasplante a mis hermanos: tengo dos, un chico y una chica pero ninguno era compatible. Fue un gran palo, la suerte seguía sin acompañarme. Así entré en búsqueda de un donante compatible a través del REDMO (Registro de Donantes de Médula Ósea) de la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia. Mientras yo seguía con mis quimios, mis largos ingresos, los vómitos, la fiebre y la lucha diaria.

Bueno, también había días de risas que se convertían en casi fiestas con la visita de mis amigas. La verdad es que conseguían que mis ingresos parecieran más cortos. Todo el mundo se volcó conmigo, hasta en Uharte, el pueblo en el que vivo, organizaron un día de fiesta para la captación de donantes; lo llamaron 'Huarte en rojo-Uharte Gorriz'. Fue maravilloso ver a todo el pueblo unido y se consiguieron muchos donantes de médula ósea que era lo importante.

Y al fin llego el día: estaba en casa, sonó el teléfono y era mi hematóloga; tenía buenas noticias. Habían encontrado un donante compatible. SÍ, que gran noticia, era un donante alemán.

En el mes de mayo por fin llegó el día del trasplante. Primero me sometí a unas sesiones de quimioterapia y dos sesiones diarias de radioterapia durísimas. Llegó el gran día: el 17 de mayo de 2012. La recuperación fue muy dura, pero lo conseguimos, todo iba bien. El día 19 de junio, me dejaron irme a casa.

A los pocos días fue la semana contra la leucemia y allí estaba yo repartiendo mis folletos de la Fundación Josep Carreras y colaborando para agradecer todo lo que hacen por nosotros. Sin ellos NO TENDRÍAMOS FUTURO. Hasta hoy todo va bien, con algunos achaques pero recuperándome.

Flory durant la Setmana contra la leucèmia 2012

Quiero dar las gracias a todo el equipo de hematología de Hospital Virgen del Camino y del Hospital de Navarra que son maravillosos: médicos, enfermeras y todo el personal que me han hecho el camino mucho más llevadero. GRACIAS.

Gracias también a todas las personas que me han apoyado, que me han ayudado. En especial a mis amigas, por acompañarme mañana, tarde y noche, haciéndome reír, cuando era lo último que me apetecía. Esos masajitos que me daban que hacían sentirme como una reina. GRACIAS CHICAS. Gracias también a mis padres por encargarse de mi casa y mis hijas mientras yo estaba ingresada; sin ellos esto no habría funcionado. A mi cuñada Cris, por estar siempre a mi lado y a mi hermana Ana, por dejar su casa para cuidarme a mí. Gracias a las personas que más quiero, mis hijas, Iratxe e Iris, por haber aguantado mis ausencias, obligadas, pero ausencias. A mi marido Pedro por estar siempre a mi lado y aguantarme en los días buenos y en los malos.

Flory con sus hijas

Y sobre todo quiero dar las gracias a mi DONANTE, que me salvó la VIDA; esa persona que nunca conoceré y a la que le debo TODO. GRACIAS.

Muchas gracias a la Fundación Josep Carreras por todo su trabajo, por su lucha continua y desinteresada y su enorme generosidad. Ahora valoro mucho más la vida y sé que me queda un largo camino, viendo a mis hijas crecer. Quizá tenga más obstáculos en el camino, pero los iré esquivando.

Por ultimo quiero invitar a la gente a hacerse donante de médula ósea, porque nos DAN la VIDA.

Mucho ánimo a todos los que luchan contra la enfermedad.

Flory  Sánchez

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