Mariana

Mi nombre es Mariana Robledo, tengo 25 años y vivo en Santa Fe, Argentina. En febrero de 2011 comencé con un fuerte dolor de cuello y al cabo de unos días se me hinchó todo el brazo izquierdo. Llamé por teléfono a la asistencia médica domiciliaria, y la doctora me dijo que podía ser que una contractura muscular me estuviese apretando una vena y por eso la hinchazón, pero que si seguía así, fuese de urgencias.

Y así fue. Al día siguiente fuimos con mi novio y mi mamá a una guardia de emergencia donde me atendió una excelente doctora y mejor persona, que Dios y el destino pusieron en mi camino para que todo se de en tiempo y forma. Cuando la doctora me vio, me interrogó, me examinó, y en el momento en el que me estaba yendo del consultorio para que me extrajesen la sangre, la doctora volvió a examinarme y cambió de opinión, así que me mando a hacer un EcoDoppler -vendría a ser una ecografía de venas y arterias-.

Es en este momento donde conozco a otra excelente profesional. Ella me dijo que tenía una trombosis en la yugular interna, en la vena axilar y en la vena subclavia, y que me tenía que quedar ingresada. Yo estaba tranquila. No sé porque, tenía la sensación de que todo iba a estar bien, pero mi mamá casi muere de tristeza y miedo. Nunca en mi vida me habían ingresado.

Los resultados llegaron a la doctora de guardia y me dijo que, efectivamente, me tenía que quedar ingresada hasta que me controlasen la coagulación de la sangre. Después de eso, me derivaron a la enfermería de guardia donde me prepararon para hacer el ingreso. Ahí la conocí a 'la Turca', una enfermera divina que hizo que la espera fuera mucho más agradable. Como no había cama disponible y yo tenía que quedarme ingresada sí o sí, me llevaron a la unidad coronaria... ¡Mi pobre mamá casi se muere! Y yo ni les cuento el susto que tenía... ¡pasé mucho miedo pensando que alguien podía morir de un infarto mientras yo estaba ahí!

Al día siguiente, me bajaron a una habitación y comenzó el desfile de estudios: primero me hicieron una radiografía de tórax y como salió algo raro me hicieron una tomografía. Como seguían viendo cosas raras, me hicieron también una resonancia magnética. Seguido a eso, vino la Dra. Beltramino –la hematóloga de turno- quien me dijo que me tenían que operar para ver qué era eso "raro" que aparecía en las imágenes. Ahí los conocí a los doctores Pfeiffer y Monzón, excelentes profesionales, con una calidad humana increíble.

Ellos me explicaron que me tenían que operar porque lo que veían parecía ser un tumor. Me explicaron que me iban a hacer una microcirugía y como iba a ser todo el procedimiento.
Tres días después de operarme y diez de ingreso volvimos a mi casa. Pasaron los días y llegaron los resultados de la biopsia. Como no estaba claro el resultado, ya que podía ser un linfoma o un timoma, el Dr. Pfeiffer me dijo que teníamos que volver a operar, aunque esta vez no iba a ser microcirugía, sino que tenía que abrirme como si fuera una operación a corazón abierto, debido a que el tumor estaba alojado en el mediastino. Pasaron unos cuantos días antes de volver a ingresar para operarme.

Durante esos días (y es en este primer gesto donde se ve la calidad humana de mi doctor), el Dr. asistió a un congreso y trajo la idea de operarme por las costillas, para lo cual era necesario colapsar el pulmón para tener espacio. De esta cirugía, me quedo una hermosa cicatriz debajo de la axila. Cuando el doctor retira la muestra para analizar, le dicen que la muestra otra vez era poca y que no iban a poder dar un diagnóstico.

Mis doctores se enojaron con los patólogos porque no podían solucionarlo (he aquí el segundo gran gesto del Dr. Pfeiffer), así que el Dr. Pfeiffer agarró los tacos y se fue a Buenos Aires, los analizó y me trajo la mejor noticia que podíamos tener en esos días: ¡ERA LINFOMA!

A la mañana siguiente vino una hematóloga, la Dra. Paola Villarreal, que actualmente es mi hematóloga de cabecera. Me explicó cómo iba todo y qué era lo que yo tenía.
Pasado el mes de mayo llegó el diagnóstico definitivo: Linfoma de Hodgkin de tipo escleronodular Estadio I. El día 6 de junio de 2011 comencé quimioterapia, algo totalmente aburrido porque uno se imagina que te meten en una maquina con muchas luces que habla, pero es simplemente una medicación por suero.

Mariana, pacient de Limfoma de Hodgkin

Después de tres ciclos de dos quimioterapias cada uno, realizamos un PET para ver como seguíamos. El mismo dio como resultado que había que seguir, ya que había ganglios con actividad en la ingle... Tres ciclos más. Durante el tratamiento la Dra. Beltramino cogió la baja por maternidad, por lo que continué con la Dra. Villarreal, a la que cuando vi le dije: "así como me diste la mala noticia, estoy segura que me vas a dar la buena".

El segundo ciclo de quimioterapia fue mucho más tranquilo que el primero. Casi no tuve náuseas y los toleraba bien. En los últimos días, hicimos un día de fiesta: tenía regalos para todos (enfermeras, personal de limpieza, médicos residentes, médicos en general), y mi enfermera Fany Sánchez (la mejor de las enfermera, ya que me aguanto todas mis locuras, venía a las 5:00 de la mañana y se iba 16:00 cuando terminábamos o seguía con su ronda) me había hecho un cartel hermoso.

Yo había hecho un cartel que todos firmaron, y vinieron amigos y familiares; también volvió Beltramino, que no reviso mi carpeta médica y entro a la habitación diciendo cosas como radioterapia y no sé qué más... me agarró un ataque de nervios que me tuvieron que poner calmantes para tranquilizarme, ya que me quería ir sin terminar la última medicación. Volví a hacerme un PET y 15 días después llego el gran día... 26 de Diciembre, el mejor regalo que me dio Papa Noel: ¡LA REMISIÓN de la enfermedad!

El 30 de diciembre hice una fiesta con todos mis amigos, los de mi novio (pobre, olvidé de mencionarle en toda esta historia y sin su apoyo no hubiese sido igual, estuvo todas las quimios a mi lado), las amigas de mi mama, de mi suegra, de mis cuñadas... ¡TODOS los que estuvieron a mi lado estuvieron en mi fiesta DESPEDIDA DEL CÁNCER! Es mi segunda fecha de cumpleaños. Ya paso un año de ese día y los estudios siguen saliendo bien.

No le puedo pedir nada más a la vida; durante todo el 2011 no deje de hacer nada... iba a recitales, conferencias y tenía una vida totalmente normal, solo que con un amigo nuevo que se llamaba LINFOMA. Esta enfermedad me enseño muchísimas cosas, entre ellas las verdaderas amistades, las que se habían ido y volvieron, las que estaban y se fueron y las nuevas que aparecieron. También me enseñó a ser feliz y a ver la vida con otros ojos.

Espero que mi historia ayude a muchos.

Mariana.

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