Marta

Pase lo que pase, siempre sale el sol.

Despido el año 2013 con una sonrisa al saber, que como muchos dicen el número 13 es el de la mala suerte, y así es como por una parte lo he sentido pero otra parte siempre lo recordaré como el año en el que volví a nacer.

Mi nombre es Marta, tengo 26 años y me han hecho un trasplante de médula ósea.

Todo empezó en junio, cuando empecé a notar que me salían muchos hematomas en las piernas y petequias en ciertas partes del cuerpo. Le di cierta importancia y así lo constaté al escribir al whatsapp a mi madre que es enfermera y ha trabajado durante 13 años (otra vez el fatídico número) en la planta de Oncología-Hematología de Cáceres, y a unas amigas médicas (yo soy licenciada en medicina, preparándome el nivel C1 de alemán para poder hacer la especialidad allí ya que mi pareja es alemana). Pero al estar en otro país y "no tener tiempo" de ir a hacerme una analítica al estar tan estresada por tener que hacer el examen, dejé pasar los días hasta que por fin me hice el análisis un viernes por la mañana. El resultado me lo darían el lunes siguiente, pero cuál fue mi sorpresa que por la tarde me llaman diciéndome que debo de ir urgentemente al hospital, porque el resultado de la prueba no era bueno. Para mayor mal de estar en un país que no es el tuyo, mi novio en ese momento no estaba en casa y su móvil apagado... Estaba sola.

Gracias que tengo una amiga belga que sabe perfectamente hablar tanto alemán como español, fui acompañada al hospital a recoger la analítica. Un sobre que no quería ni abrir por lo que me iba a encontrar. Y lo que me encontré es marcado con un rotulador fosforito el número de plaquetas: 4000. Lo normal está entre 150.000 y 400.000. También me sacaron hemoglobina y leucocitos bajos. Una vez esperando en urgencias el médico me dijo que dos probables enfermedades podía tener: leucemia aguda o aplasia medular. En ese momento mi preocupación era: cómo y cuándo le comunico esto a mis padres. Pero con las horas esto se arregló, y mis padres cogieron el primer vuelo que pudieron, viajando toda la noche desde Cáceres a Oporto con mi hermano y volando hasta Frankfurt-Hahn. Increíblemente al día siguiente ya los tenía conmigo en la habitación. Una habitación donde compartía con una mujer de unos 60 años húngara, que llevaba 20 años en Alemania, afectada de un cáncer de pulmón y que estaba pelona cuando la conocí, y que desgraciadamente menos de dos meses después, se marchó...

Al ingresarme lo primero que hicieron fue ponerme plaquetitas alemanas (que como bien una amiga dijo, así Marta, vas a hablar mucho mejor alemán) y decirme que el lunes se haría la prueba concluyente: una biopsia de médula ósea. Que paradojas tiene la vida, cuando el pasado mes de abril haciendo prácticas en otro hospital, vi como hacían esta misma prueba a una mujer mayor...pues ahora me tocaba a mí ser la paciente. Estos días fueron los peores, al no saber a qué me iba a enfrentar. Siempre que pude buscaba algún video divertido, bromas, música, cosas que me hicieran reír. Y el día 1 de julio, justo un mes antes de mi cumpleaños, fue la biopsia... el resultado al día siguiente: Aplasia medular grave idiopática (enfermedad que afecta a 1-2 personas por millón, y que el tratamiento definitivo de curación es el trasplante de médula ósea).

Mi madre había hablado con el jefe de hematología de Cáceres para que me reservaran la mejor habitación del complejo (al menos la más fresquita, ya que yo no podía utilizar aire acondicionado) y allí nos fuimos el día 4 de julio, después de una odisea de viaje donde no encontrábamos medio de transporte que nos llevara a casa. Finalmente un taxista se apiadó de nosotros y además me regaló una estampa que le regaló una monja hacía dos años y que desde entonces le dio suerte, aunque me hizo prometer que la próxima vez que fuera a Madrid debía invitarle a un par de cañas, porque sabía que todo iba a ir bien. A las 8 de la tarde me estaban haciendo la segunda biopsia de médula para confirmar, un aspirado en el esternón, y cogiéndome una vía periférica venosa... Vamos, un colador parecía yo. Y después de una semana allí donde me trataron como una princesa, ¡SORPRESA! ¡Mi único hermano Juanjo y yo éramos y somos COMPATIBLES! Así que dirección a Salamanca a hacerme el trasplante, la ciudad en la que había vivido durante 6 años y donde incluso en una ocasión ¡organicé una conferencia sobre trasplante de médula en la facultad!

Allí me ingresaron en la habitación número 6 (la pecera, como llamaban mis amigas cacereñas) de la unidad de Trasplante de Médula Ósea en el hospital donde tantas veces había hecho prácticas. Me quedé hasta un 19 de agosto lunes, cuando mi querida hematóloga y ahora amiga la Dra. Lourdes Vázquez ¡me dio el alta! Me hicieron otra biopsia (la tercera) y otro aspirado, más el acondicionamiento con quimioterapia y la inmunoglobulina, entre otras cosas, y por fin el 24 de julio me trasplantaron. Ahora quedaba esperar a que mi nueva médula empezara a funcionar y pasar los estragos del tratamiento, que para nada fueron tan malos como me dijeron. Vale, se me cayó el pelo, tuve vómitos y náuseas, pero así ¡me dejaban comer solo lo que quería!

No me dejaban salir de allí, ¡pero es que yo no quería! ¡Eso es como un hotel de 5 estrellas! Todo hecho, comida rica, limpieza dos veces al día, pijamas XXL todos los que quería, te hacen la cama... Lo malo es que me hacían pesarme dos veces al día y yo que odio saber lo que peso. Tienes tiempo de ver todas las pelis que quieras, leer, hablar con las visitas que te vienen a ver como si estuvieras en un zoo o en la cárcel a través de un teléfono por la ventanita que tienes, ver la tele, surfear por internet... y súper fresquito mientras afuera había 40 grados. Además dentro hay un sillón-cama donde gente maravillosa ha querido hacerme compañía. Y además el hecho de celebrar mi 26 cumpleaños allí, ¡fue lo más genial del mundo mundial!

Y así van pasando las horas, los días y las semanas, y cuando quieres darte cuenta ya han pasado más de 5 meses y me encuentro genial. Tengo el pelito corto, me tomo mis pastillas mágicas y voy a la consulta una vez a la semana, vuelvo a tomar café en la facultad donde tantas horas pasé, todos me cuidan, estudio alemán y me planteo qué especialidad quiero hacer una vez esté al 100%. ¿Hematología? Nunca se sabe, pero después de haber tenido la oportunidad de conocer al maravilloso equipo de la 4ª planta del clínico de Salamanca (enfermeras, residentes, auxiliares, limpiadoras, médicos...) y de seguir en contacto con las enfermeras del hospital de día, reencontrarme con el Hospital de San Pedro de Cáceres.

Quiero dar a mis amigos médicos residentes, a mis amigos de Cáceres y de Salamanca, de España, Italia, Alemania, a los Wingenter, a mis compañeros de piso, a toda la gente que se ha acordado de mí en estos momentos tan especiales, a mi familia y sobre todo, a mi novio Sebastian, a mis padres y especialmente, a mi hermano Juanjo: gracias a todos por lo que habéis hecho por mí, lo que hacéis y lo que os queda por hacer, ya que ¡os queda Marta para rato!

Mucho ánimo para todas las personas enfermas y no enfermas, las que necesitan un trasplante, deseo que lo consigáis. En mi vida profesional y personal intentaré hacer más fácil el proceso y convencer a la gente de que es muy fácil y que resulta maravilloso saber que has ayudado a otra persona.

Valora lo que tienes, sonríe a la vida y la vida te devolverá esa sonrisa. ¡Y recuerda que siempre sale el sol!

Webpage updated 09/26/2016 09:14:29