Martín

“Hola a todos,

Soy Martín, un pequeño valiente. Alguno de vosotros ya ha oído hablar de mí por medio de mi tita pero para quien no me conozca o quiera hacerlo un poco más, os contaré mi historia.

Ahora tengo tres añitos y he comenzado el cole pese a seguir en tratamiento para mi leucemia. Pero mi lucha comenzó hace casi ya dos años. 

Apenas tenía 16 meses y llevaba varias semanas con fiebre, con picos cada vez más altos y frecuentes. Aun así nada hacía sospechar que una sombra cada vez más oscura invadía mi pequeño cuerpo hasta que un día dio la cara. Las alarmas sonaron y pusieron a mi papá (médico de familia) con el corazón a mil y no dudo en llevarme volando al hospital. Sin duda el peor viaje de su vida. Allí, tras horas de incertidumbre y en los brazos de mamá, el pediatra de guardia les comunicó lo que más temían. Tenía leucemia. Yo no sabía lo que era eso pero poco a poco fui comprendiendo que aquello nos cambiaría la vida a todos de forma drástica.

Comenzó entonces un estricto protocolo: días intensos de prueba tras prueba, sufrimiento y miedos cada vez que sentía el inevitable abandono de los brazos de papá durante el tiempo que duraban éstas. Cuando estaba papá echaba de menos a mamá y cuando era mamá la que me llevaba en brazos le echaba de menos a él pero siempre se ausentaba uno. Tengo dos hermanos no mucho mayores que yo, por entonces tenían 3 y 5 añitos, y alguien tenía que estar también con ellos… Quería ser yo. Mis hermanos, mis referentes en todo y que tanto me habían enseñado hasta ese momento, sufrieron también este mal. No comprendían, entre lágrimas, por qué papá no me daba un jarabe y me llevaba de vuelta a casa “¡Si tú eres médico…!” decían.

Los días que sucedieron fueron igualmente duros. Quimioterapias, pérdida de apetito y peso, malestar general… poco a poco dejé de caminar y mi mirada antes alegre y despreocupada se volvió triste y siempre alerta. Tras 15 días de tratamiento una buena noticia para mis papás, ya no había rastro de aquella sombra maligna. “Médula limpia” decían. Pero no todo acababa ahí, había que seguir alerta y luchar para que no apareciera nunca más. Mi cuerpo seguía débil por fuera pero también por dentro, y sin defensas de las que protegerme cogí varias infecciones graves, la peor, una que no parecía responder bien ante ningún tratamiento y que me obligó a interrumpir el de la leucemia.

Entre tanta debilidad y malestar tuve siempre la suerte de rodearme de mil sonrisas que buscaban la mía. Yo no tenía las fuerzas para sonreír pero mi mirada y mi corazón, cada vez más grande, sí lo hacían. Rodeado de grandes y cariñosos profesionales, voluntarios, payasos, padres de niños hospitalizados, amiguitos de todas las edades y por supuesto mi familia conseguí unos fuertes, gigantes e invisibles músculos que solo yo sabía que tenía y me hicieron luchar con mucha fuerza contra todo y superar cualquier obstáculo. Gracias a todos.

Durante mi estancia en aquella habitación de hospital, recibí muchos regalos, regalos desinteresados que llegaban de todas partes pero el mejor de todos fue la ansiada visita de mis hermanos. Yo ya estaba un poquito más fuerte y pronto me darían el alta. Así que tras casi 2 meses de encierro pude abrazar por fin a mis hermanos mayores. Fue mi momento más feliz... El siguiente, fue el regreso a casa, donde recuperé mi apetito, mis pasos, mi familia, mi sonrisa...

Seguía visitando el hospital a diario para tratar mi infección de la que me recuperé un año después. Pero lo más importante es que pude seguir con mi tratamiento de quimioterapia después de haberlo interrumpido durante 6 meses.

Pasaron los meses y por fin empecé con la mejor fase de todas: “mantenimiento”, mucho más suave que las anteriores. Aún estoy en esa fase pero dentro de un añito seguro que ya la habré terminado y con ella este largo y duro camino. Llevo mucho tiempo machacando “bichitos” y estoy dispuesto a no dejar ni uno.

Este verano cumplí 3 años, soy muy mayor porque ya voy al cole con mis hermanos. Me siento muy bien, alegre y feliz, y juego mucho que es lo que me dicen siempre mis médicos. 

Por eso quiero enviar un mensaje a todos los niños que como yo están pasando por esto. Es un rollo y es muy largo, duro y doloroso pero no estáis solos. Tenéis mucho cariño y amor alrededor que os van a ayudar a sacar esos músculos imparables e invencibles para machacar la tropa de bichitos que os acecha y estar prontito en casa haciendo todo lo que os gusta hacer. Desde aquí os envío también todo mi cariño y fuerza.

Un beso",

Martín

Webpage updated 10/27/2016 11:11:07