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Natalia

Mi nombre es Natalia y a punto de cumplir 20 años de edad me diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda B. Fue un shock tremendo: recuerdo que me encontraba muy mal por aquella época. Mucho cansancio, ganglios inflamados, pérdida de apetito, sudores... pero yo lo achacaba al cansancio después del verano o al estrés por el comienzo del curso.

Casi sin fuerzas, acudí a un centro ambulatorio de la ciudad donde estudiaba y allí me hicieron una analítica, y como los resultados fueron desastrosos me derivaron al hospital general para continuar haciéndome pruebas. Fue en el Hospital Juan Canalejo donde me diagnosticaron la enfermedad. Mi primera pregunta fue: ¿Me voy a morir? Y recuerdo que el hematólogo me dijo: vas a curarte, tu cura es la quimioterapia. Cuando escuché esa palabra no me lo podía creer. ¿Quimioterapia? De eso nada dije, yo quiero otro tratamiento. La quimioterapia no es buena, mata todo, no cura. Qué confundida estaba... y cuánto miedo tenía en aquel momento.

Ya en el hospital de mi ciudad, comenzó el tratamiento y decidí que se lo iba a poner muy difícil a la enfermedad (y a cabezona no me gana nadie). La quimioterapia, de la que con los días me fui haciendo "amiga”, iba a hacer el 50% pero yo decidí que iba a tener en mi poder el otro 50% con mi actitud y mi positivismo. Recuerdo que mi madre me decía por las noches: cuando te duermas piensa que estás matando células malas, la mente es muy poderosa. Mis padres, cuánto sufrieron... bueno, mi familia en general y amigos.

Todo fue fenomenal, pero la leucemia me quiso poner un poco más a prueba: la quimioterapia no estaba acabando con todos los blastos (células malas) así que había que trasplantarme la médula. El trasplante tuvo lugar el 22 de abril (día de la tierra, qué día más bonito) gracias a una persona maravillosa a la que le debo mi segunda vida: una donante alemana compatible conmigo que fue localizada gracias a la grandísima labor de la Fundación Josep Carreras a la que le estaré eternamente agradecida.

El trasplante fue la etapa más dura para mí. Ya estaba cansada de todo el proceso y las fuerzas flaqueaban un poco, el eich fue bastante rabudo (cutáneo e intestinal, el intestinal el más duro de los dos) pero seguí tirando como podía y poquito a poco fui consiguiendo los objetivos: el eich se controló, después me suspendieron la medicación, me dieron de alta del trasplante, comencé con las vacunas... y a día de hoy estoy con revisiones cada 4 meses y feliz y contenta de poder estar disfrutando de una segunda vida que me ha regalado una persona desconocida pero que ahora es tan importante para mí.

Para todos aquellos que estáis pasando por una enfermedad igual o parecida a la que pasé yo, quiero mandaros un mensaje de ánimo: se puede, se puede vencer a una enfermedad tan cruel como la leucemia u otras enfermedades de la sangre. La vida, a veces también muy cruel y dura, nos quiere poner a prueba por eso tenemos que darlo todo e intentar disfrutar al máximo por el camino, un día sin sonreír es un día perdido y la vida es tan corta que no merece la pena desaprovechar ni un minuto.

Médicos de Montecelo, enfermeras, auxiliares, cocina... me lo habéis puesto tan fácil... Gracias a mi familia, pero a vosotros también, yo pude recibiros todos los días con una sonrisa.

Eternamente agradecida a todo el equipo, a mi donante, a la fundación, a la vida.

Natalia.

Webpage updated 08/22/2017 13:16:40