We use cookies to study and improve the user experience offered by the site. By continuing to browse the site you are agreeing to our cookie policy.

Pelayo

Hola

Me llamo Carmen y soy la mamá de Pelayo.

Todo empezó en verano del año 2016, en el mes de julio. Mi hijo, Pelayo, era un bebé feliz. Nació sano. Pero a partir de los cuatro meses empezó a parecer “triste”. Sólo lloraba, no dormía, no comía, tenía diarreas y fiebre de 38º.

Fui al pediatra de inmediato. Al entrar por la puerta éste lo vio muy malito y nos mandó hacer pruebas. Lo primero que le hicieron fue una radiografía, pero todo salió normal y nos recetaron paracetamol. A los tres días Pelayo estaba cada vez peor. No le podías ni tocar las piernas, las tenía heladas y a la vez sudaba y tenía fiebre. Era 22 de julio y nos fuimos a urgencias inmediatamente. Estuvimos toda la mañana y finalmente conseguimos que le hicieran una analítica.

Esperamos los resultados y nos sentaron alrededor de una mesa. Cuando vi que la pediatra venía con más médicos ya pensé: “hijo mío, tienes cáncer”. Pues sí, era lo que pensaba. Nos dieron los resultados y nos dijeron que nuestro hijo tenía leucemia. Para mí se acabó el mundo en aquel momento. Sólo lloraba, lloraba, lloraba. Ni en mis peores sueños me podía creer que con sólo cuatro meses mi hijo podía sufrir esta maldita enfermedad.

Sólo tengo palabras de agradecimiento para el Hospital Virgen de la Concha de Zamora, para todo el equipo médico que diagnosticó a mi hijo.

Pelayo se estaba muriendo y no podíamos hacer nada. Lo mandaron de inmediato a Salamanca. Sólo recuerdo estar en la ambulancia con mi hijo y llorar. Me miraba con unos ojos tan tristes. Sobre las 11 de la noche llegamos a Salamanca. Nos estaban esperando un montón de médicos y enfermeras que le hicieron todas las pruebas de urgencia. Sobre la una de la madrugada nos mandaron a la habitación. Yo todavía ni me lo creía, era una pesadilla. Yo sólo quería despertarme.

Y ya no volví más a mi casa.

Tengo dos niños más, Sara e Iván, de 3 y 4 años. Pobrecitos míos, sufrieron mucho  al principio sin su mamá durante casi dos meses. Para mí los días no pasaban. Era larguísimos. Pero iba viendo mejorías en el pequeño Pelayo a pesar de lo triste que era verlo conectado a tantos cables. Yo me pasaba el día abrazándolo, besándolo y pensando en que todo iba a pasar. Cada día pensaba en Dios y rogaba que los médicos le curasen.

Al cabo de un mes de tratamiento, Pelayo tuvo una infección pulmonar. Fue terrible. En la UCI nos lo pintaron muy mal. Parecía que en las próximas horas Pelayo se iba. Yo no salía de la UCI pediátrica. Sólo quería estar al lado de mi hijo, ver su cara, disfrutar de cada minuto que estaba con él. Pasaron 6 horas y todavía respiraba, pasaron 12h más. Estaba muy grave, pero estaba. Al final consiguieron dar un giro de 180º a la situación probando una medicación experimental de adultos. Estuvimos 42 días en la UCI pediátrica. Fueron los peores días de mi vida.

Superado este gran y horrible susto, volvimos a la habitación para nuevamente continuar su tratamiento de quimioterapia. Mi hijo salí de la UCI y volvió a estar guapo, gordito… Cada vez iba creciendo más. En el hospital. Pero iba perdiendo su carita de bebé y se volvía un niño pequeñito. Aunque comía por sonda y la quimioterapia le dejaba hecho un cromo, Pelayo es fuerte y valiente y, siempre con una sonrisa, fue superando cada etapa y conquistando a todos los médicos, enfermeras, personal de limpieza del hospital. Tod@s han tenido un cariño excepcional por nosotros y especialmente por él.

Hoy en día ya estamos en la etapa de tratamiento de mantenimiento. Gracias a Dios y a los médicos estamos muy bien. Pelayo va a cumplir dos años de vida y, a pesar de haber pasado un año y medio de tratamientos y que todavía nos falta, siempre pienso que venceremos.

Envío mucha fuerza a todos los padres que están pasando por lo mismo. Es muy duro pero un día el sol saldrá brillante. Juntos venceremos, somos imparables”.

 

Carmen

 

Webpage updated 05/24/2018 11:00:26