Roberto

Hola, mi nombre es Roberto Quintero Vega y soy mexicano. Cuando tenía 35 años me tocó luchar contra un linfoma de Hodgkin. En la actualidad tengo 45 años, mi esposa Becky y yo tenemos tres hijas y, gracias a Dios, mi salud es excelente. Está claro que no podemos cantar victoria pero hago todo lo que está de mi lado para mantenerme sano.

En el año 2005 empezó la lucha. Yo llevaba varias semanas sintiéndome mal, bajando de peso, con sudoraciones por las noches y con una tos que no tenía explicación. Mi hija más pequeña, Renata, tenía pocos meses. Decidí hacerme estudios y el primer susto fue que la persona de los laboratorios me dijo que era necesario que mi doctor de cabecera recibiera los informes. El segundo golpe fue escuchar la palabra “cáncer” de la boca del Doctor. Fue muy duro para mí y para mi esposa. Yo no fumaba y tenía una vida más o menos ordenada y se me hacía sumamente injusto que con hijas tan pequeñas y con 35 años tuviera que enfrentar esa enfermedad. Para mi consuelo, el Doctor me comentó que si él tuviera que elegir un tipo de cáncer escogería el linfoma de Hodgkin y que, si todo salía bien, habría grandes posibilidades de que saliera adelante después del tratamiento.

Un primer aprendizaje para nosotros fue que el enemigo a vencer era la enfermedad, que no nos compraríamos problemas o enemigos inventados como pudiera ser el doctor, la enfermera, la compañía de seguros, la quimioterapia etc. Todas nuestras energías estarían enfocadas en superar la enfermedad y no buscaríamos culpables a la situación. Tengo que reconocer que nuestro doctor fue un gran aliado, un hombre con gran sentido humano que nos dio mucha confianza. Otra pieza clave fue Gaby, nuestra agente de seguros y la  propia compañía de seguros. Ahora entiendo lo importante que es contar con una póliza de gastos médicos mayores.

Fueron siete meses con doce quimioterapias que, con la ayuda de sesiones de yoga y de acupuntura, no fueron tan difíciles. Después de cada sesión, mi hermana Lili y Claudia me daban un masaje linfático, lo que me llenaba de energía y amor. En esos siete meses también evitamos situaciones que tuvieran que ver con el tema de la pérdida de vida; nada de ver películas, leer libros o tener contacto con personas que tuvieran que ver con el tema de perder la batalla. Por el contrario, fue fundamental rodearnos de gente positiva, que nos quisiera y no deseara el bien. Es común que la gente quiera comentar contigo temas relacionados con el cáncer  pero, desgraciadamente, en la mayoría de los casos la conversación termina con un: “mi tía, mi prima, etc. tuvieron cáncer, pero murieron”. Y eso es lo que menos queremos escuchar en esos momentos.

Yo logré mantener una vida normal durante el tratamiento. De no ser por la pérdida de peso, el corte de cabello que decidí hacerme y los dos días posteriores a cada quimioterapia, lo demás seguía su rumbo. Dos meses después de recibir la última quimioterapia, el doctor me explicó que parecía que la habíamos librado, que gracias a Dios mi cuerpo había respondido muy bien. A partir de ahí, estaríamos revisándonos cada tres meses, posteriormente cada seis meses y, después, de manera anual. 

Ya han pasado diez años de aquello. Después de la enfermedad todo es diferente. Se reordenan tus valores, te das cuenta de que lo material es un simple espejismo y, en lo que respecta a mi matrimonio, lo fortaleció: mi esposa y yo nos convertimos en cómplices inseparables. Nos dimos cuenta de lo frágiles que somos y de que es común que nos preocupen cosas que no tienen mayor importancia.

En la actualidad, trato de llevar una vida equilibrada, he corrido tres maratones y doce medios maratones, hago ejercicio todos los días, ando en moto con mi esposa, llevo una buena alimentación, duermo por lo menos ocho  horas diarias, tomo todo el vino tinto que puedo, me divierto, disfruto mucho de mi familia y de mis amigos y trato de no estresarme. Trato de vivir intensamente pero con responsabilidad, consciente de que no sabemos cuándo nos iremos.

Entendimos que no te debes preguntar el “por qué” estás enfermo de Hodgkin, sino preguntarte “para qué”. Hay una razón de esta prueba que te toca vivir y la tienes que descubrir. Tienes que salir fortalecido.

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