Tribute to Toni

El padre de Toni, paciente de síndrome mielodisplásico, quiso compartir con nosotros la fortaleza de su hijo. Lamentablemente, al final no pudo superar la batalla.

No sé muy bien por qué escribo esta carta. Quizás por la necesidad de dar testimonio de la lucha titánica y ejemplar por la vida de mi hijo y de su actitud ante la adversidad. Toni tiene 16 años y hace 3 que lucha y nunca se ha quejado.

Tenía 13 años, era el año 2010, y era un niño sano, activo y deportista que acaba de cursar 1ero de ESO. El cansancio y el dolor en las piernas fue el detonante que puso en alerta al Dr. Vallés, del Hospital de Manacor, donde le hicieron la punción y le dieron el diagnóstico. Y empezamos la lucha. El 22 de diciembre de 2010, en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, las Dras. Olivé y Elorza le hacían el trasplante de médula ósea de su hermano.

Tenemos la gran suerte que su hermano mayor y su hermana pequeña son 100% compatibles. Parecía que tocábamos fondo; ya habíamos pasado lo peor. No obstante, no fue así. Comenzó un calvario de transfusiones e ingresos donde no veíamos el final y pasaban los meses y los años y Toni estaba en Barcelona sin poder ir a la escuela, ni ver a sus amigos, ni ir a la playa en verano... El pasado mes de mayo cumplió 16 años, 3 años de lucha.

En una punción rutinaria, hace un mes, nos cayó un jarro de agua fría; Toni había desarrollado un síndrome mielodisplásico y tenían que repetir urgentemente el trasplante. La suerte de tener dos donantes en casa hacía que pudiese ser inmediato. La reacción de Toni cuando le comuniqué en el Hospital de Día lo que me habían dicho sus doctoras dejó de piedra a todas las enfermeras. Toni no se inmutó y dijo: "De acuerdo".

El pasado 14 de julio ingresó en las cámaras del Hospital Vall d'Hebron, donde sus súper doctoras y enfermeras, como dice él, le cuidan y miman en el proceso de acondicionamiento para el trasplante, que finalmente será el día 25 de julio de 2013. Durante el proceso nos ha puesto las cosas muy fáciles, nunca se queja ni pide explicaciones inexplicables, es positivo, alegre, gamberro y no quiere dar lástima.

Éste es el testimonio de un padre que no se rinde.

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