Diagnóstico

Cuando un paciente acude a consulta con determinados síntomas, el médico efectúa una historia clínica exhaustiva y realiza un examen físico completo, explorando posibles aumentos de tamaño del hígado, del bazo y de los ganglios linfáticos localizados en la zona de las axilas, las ingles y el cuello

Simultáneamente se lleva a cabo un análisis de sangre, examinando a través del microscopio el aspecto de las células sanguíneas y la eventual presencia de células inmaduras y blastos. Las pruebas sanguíneas pueden confirmar un diagnóstico de leucemia, aunque sin especificar el tipo exacto. Para ello, es necesario que un médico especialista (hematólogo) proceda al examen de la médula ósea del paciente. Este procedimiento, denominado aspirado medular, se efectúa puncionando un hueso grande (generalmente el hueso de la cadera o el esternón) para obtener una pequeña cantidad de grumo medular que se examina a través del microscopio. Otro procedimiento de gran utilidad es la biopsia medular que se practica con una aguja de mayor tamaño para obtener una pequeña porción de médula y de hueso.

Médula ósea 

Ilustración de Carmen Bueno

Si el examen de la médula ósea revela la presencia de células leucémicas, es necesario ampliar las analíticas para conocer la extensión de la enfermedad. Mediante una punción lumbar se puede confirmar la presencia de células anómalas en el fluido que ocupa los espacios situados dentro y alrededor del cerebro y de la médula espinal (fluido cerebroespinal). Por medio de diversas pruebas de imagen (radiografías, tomografía computarizada, ecografía) se pueden detectar signos de la enfermedad en otras localizaciones (tórax, abdomen).

Página web actualizada 05/12/2016 09:30:13