Leucemia Linfática Crónica (LLC)
La leucemia linfática crónica (o linfocítica crónica o LLC) es un cáncer de la sangre en el que la médula ósea y los órganos del sistema linfático producen demasiados linfocitos, un tipo de glóbulo blanco.
En condiciones normales, los linfocitos son los encargados de combatir las infecciones, produciendo anticuerpos que atacan a los elementos nocivos que invaden o se producen en nuestro organismo.
En la LLC los linfocitos en exceso infiltran progresivamente la médula ósea, los tejidos linfáticos (ganglios y bazo fundamentalmente) y otros órganos (hígado). Las manifestaciones clínicas de la enfermedad son consecuencia de dicha infiltración que desplaza a los elementos normales de la sangre e impide un correcto funcionamiento de los órganos afectos. Adicionalmente, los linfocitos producidos no funcionan correctamente y no pueden cumplir su misión de defensa del organismo.
Habitualmente, la LLC afecta a personas mayores de 60 años y progresa muy lentamente. Cada año se diagnostican alrededor de 30 nuevos casos por millón de habitantes.
Conoce a Francesc, ex-paciente de leucemia linfática crónica.
Principales síntomas
En el 70% de los casos la enfermedad no produce ningún síntoma y es diagnosticada casualmente al efectuarse una analítica.
El resto de los pacientes puede presentar alguna de las siguientes manifestaciones: sensación de cansancio, debilidad persistente, pérdida de peso, sudación nocturna, fiebre, ganglios linfáticos inflamados, y molestias abdominales inespecíficas como consecuencia del aumento del tamaño del bazo o del hígado. Algunos pacientes con LLC tienen una especial tendencia a presentar infecciones de repetición.
Estudio
El diagnóstico de LLC se establece tras un cuidadoso análisis de la sangre, la médula ósea y uno de los ganglios afectados. Para ello, deberán efectuarse diversas extracciones de sangre y de médula ósea (obtenida por punción del esternón o del hueso de la cadera), una biopsia medular (obtención de un cilindro de hueso de la cadera), y la biopsia de uno de los ganglios aumentado de tamaño bajo anestesia local. También deberá estudiarse qué territorios ganglionares están afectados mediante técnicas de imagen (radiografías, ecografía, gammagrafía, escáner o resonancia magnética).
Tratamiento
Los pacientes con una LLC en fase inicial no suelen requerir tratamiento durante años y pueden llevar una vida normal, excepto por los periódicos controles a los que están obligados para controlar si la enfermedad progresa o se mantiene estable.
Los demás pacientes deberán recibir quimioterapia a la que en ocasiones puede sumarse la radioterapia (para tratar la inflamación del bazo o de ganglios de gran tamaño) o la cirugía (para extirpar el bazo). En función de la edad del paciente, de la extensión de la enfermedad y de su velocidad de progresión, se emplean quimioterapias más o menos intensas por vía oral o intravenosa.
Algunas de estas actuales quimioterapias intensivas son tan efectivas que, en ocasiones, permiten alcanzar una remisión molecular de la enfermedad, situación en la que no es posible detectarla ni tan siquiera empleando las técnicas de laboratorio más sofisticadas. A pesar de ello, ninguno de estos tratamientos permite la curación de la enfermedad, si bien las remisiones alcanzadas pueden mantenerse durante años.
En la actualidad es frecuente el empleo de los agentes denominados bioterápicos en los que, mediante el empleo de anticuerpos monoclonales, se atacan de manera específica las células leucémicas sin dañar prácticamente las células sanas. Con ellos es posible mejorar los resultados de la quimioterapia o tratar con éxito pacientes que no respondían a la misma.
A diferencia de otras leucemias, la leucemia linfática crónica no se suele tratar con un trasplante de médula debido a la avanzada edad de la mayoría de los pacientes. Con todo, los pacientes jóvenes con una LLC agresiva pueden beneficiarse de esta medida terapéutica si disponen de un donante histocompatible, al ser ésta la única terapéutica que permite curar la enfermedad. En la actualidad se están empezando a tratar, con resultados esperanzadores, pacientes de mayor edad que disponen de donante compatible con una nueva modalidad de trasplante hematopoyético, los denominados trasplantes de intensidad reducida. En caso de no disponer de donante y haberse logrado una de las remisiones moleculares antes mencionadas, puede plantearse la práctica de un trasplante autólogo de progenitores hematopoyéticos con el que, si bien no se logrará la curación, puede prolongarse notablemente la duración de la remisión.
Para más información, se pueden consultar las siguientes páginas web:
