Leucemia Linfoblástica Aguda (LLA) del adulto
La leucemia linfoblástica aguda (también leucemia linfoide aguda o LLA) es un cáncer de la sangre en el que, por causas desconocidas, se producen cantidades excesivas de linfocitos inmaduros (linfoblastos). Si bien la LLA suele afectar predominantemente a niños, no es infrecuente observarla en adolescentes y adultos jóvenes.
En condiciones normales los linfoblastos se producen en la médula ósea y en otros órganos del sistema linfático (timo, ganglios, bazo) y una vez maduros (linfocitos) son los encargados de la defensa del organismo, al ser capaces de atacar, directamente o a través de la producción de unas sustancias denominadas anticuerpos, a toda sustancia extraña que entre en nuestro organismo.
En la LLA, los linfoblastos en desarrollo se vuelven demasiado numerosos y no maduran. Estos linfocitos inmaduros invaden la sangre, la médula ósea y los tejidos linfáticos, haciendo que se inflamen. También pueden invadir otros órganos, como los testículos o el sistema nervioso.
Este tipo de leucemia predomina en adultos jóvenes y de sexo masculino (la edad media oscila entre los 25 y los 30 años; tan sólo un 10-15% de los pacientes superan los 50 años). Su incidencia anual es de 30 nuevos casos por millón de habitantes.
Conoce a Olga, paciente de leucemia linfoblástica aguda.
Principales síntomas
Entre los principales síntomas se encuentran: pérdida de apetito, sensación de debilidad, fatiga fácil, fiebre, dolores óseos, articulares y musculares, hematomas en brazos y piernas. En ocasiones se producen verdaderas hemorragias espontáneas (nariz, encías) o bien hemorragias excesivas en pequeñas heridas. Otros pacientes presentan fiebre o infecciones (abscesos, sinusitis, neumonía, etc.) como síntoma inicial. En algunos pacientes puede observarse un aumento del tamaño de los ganglios linfáticos y molestias abdominales como consecuencia del crecimiento del hígado y el bazo. Un pequeño porcentaje de enfermos puede presentar manifestaciones como consecuencia del aumento de tamaño de los ganglios y compresión de órganos vecinos (por ejemplo el mediastino), o síntomas derivados de la infiltración del sistema nervioso central (dolor de cabeza, vómitos, somnolencia, etc.), de los testículos (dolor, hinchazón) o de los huesos (dolores óseos).
Estudio
Según el origen celular y el grado de inmadurez de las células que originan la enfermedad se distinguen diversos subtipos de LLA. Dado que los diferentes subtipos tienen aproximaciones terapéuticas distintas es necesario analizar de forma detallada tanto la sangre como la médula ósea. Para ello, deberán efectuarse diversas extracciones de sangre y de médula ósea (obtenida esta última mediante punción del esternón o del hueso de la cadera) así como radiografías para valorar si existe aumento de tamaño de los ganglios del mediastino. También debe estudiarse si la enfermedad se ha extendido al sistema nervioso central efectuando, para ello, una punción lumbar con el fin de analizar el líquido que baña dicho sistema. Si se sospecha infiltración testicular puede ser necesario efectuar una biopsia.
Tratamiento
El tratamiento se determinará en cada caso teniendo en cuenta, la edad y el estado general del paciente y las características de las células leucémicas.
El tratamiento se basa siempre en la quimioterapia intensiva, administración de drogas por vía intravenosa, con el objetivo de lograr que desaparezcan los síntomas y los blastos leucémicos de la sangre y la médula ósea permitiendo la producción normal de las otras células sanguíneas. Esta situación clínica recibe el nombre de remisión completa y suele alcanzarse tras el primer ciclo de tratamiento. A continuación debe efectuarse un tratamiento de consolidación y el mantenimiento de la remisión de la enfermedad con nuevos ciclos de quimioterapia.
Durante todo este tiempo, de forma periódica y con la finalidad de eliminar posibles células leucémicas acantonadas en el sistema nervioso, deben practicarse diversas punciones lumbares para administrar tratamiento en este nivel.
En los pacientes considerados de alto riesgo (con un elevado riesgo de recaída de la enfermedad), debe contemplarse la posibilidad de realizar un trasplante de médula ósea a partir de un donante compatible (trasplante alogénico) o del propio paciente (trasplante autólogo). El trasplante puede plantearse como parte del tratamiento inicial en los pacientes de altísimo riesgo o como forma de tratamiento de los pacientes que presentan una recaída de la enfermedad tras una quimioterapia convencional.
El pronóstico de la enfermedad es muy variable en función del subtipo de leucemia y de la respuesta al tratamiento.
Para más información, se pueden consultar las siguientes páginas web: