Linfoma no Hodgkin

¿Qué son los linfomas y a quién afectan?

Los linfomas malignos, también denominados linfomas no hodgkinianos (LNH) para diferenciarlos del linfoma de Hodgkin, enfermedad de características y pronóstico muy distintos, son neoplasias hematológicas que tienen en común su origen en células linfoides en distintos estadios madurativos.

Dentro del término LNH se incluyen más de 20 tipos distintos de cáncer, cada uno con sus características individuales (ver tabla con la clasificación de la OMS 2008).

En los LNH, una célula linfoide, detenida en un determinado estadio madurativo, se reproduce de forma incontrolada, causando con el tiempo el aumento de tamaño del órgano en el que se producen. Dado que el tejido linfático se encuentra en todo el cuerpo, los linfomas pueden aparecer en cualquier parte del organismo y, a partir de allí, diseminarse a otros órganos y tejidos. La mayoría de los casos empiezan con una infiltración en un ganglio linfático (formas nodales), pero algunos subtipos específicos pueden estar restringidos a la piel, cerebro, bazo, corazón, riñón u otros órganos (formas extranodales).

La incidencia general de los linfomas no hodgkinianos en nuestro país oscila entre 30 y 70 nuevos casos por millón de habitantes y año. Son algo más frecuentes entre los hombres y entre pacientes con enfermedades del sistema inmune (SIDA, inmunodeficiencias, receptores de trasplantes de órganos, enfermedades autoinmunes), infecciones (gastritis por Helicobacter, virus de Epstein Barr), y pacientes tratados con quimioterapia o radioterapia.

Aunque de forma mucho menos frecuente, es un tipo de cáncer que también puede afectar a los niños.

Tipos de linfomas no Hodgkinianos

Desde un punto de vista práctico los LNH se pueden dividir en dos grandes grupos en función de su velocidad de crecimiento.

Los linfomas agresivos, también conocidos como linfomas de alto grado, que tienden a crecer y extenderse rápidamente y provocan síntomas graves. Los más frecuentes son: linfoma difuso de células grades B (1/3 de todos los linfomas), linfoma de células del manto, linfoma T periférico, linfoma de Burkitt, linfoma linfoblástico (equivalente a una LLA con nula o escasa presencia de linfoblastos en sangre).

Los linfomas indolentes, también llamados linfomas de bajo grado, tienen un comportamiento menos agresivo, con adenopatías de años de evolución y con estado general conservado, a pesar de hallarse por lo general muy extendidos (estadios III y IV, ver luego). Los más frecuentes son: linfoma folicular, linfoma de linfocitos pequeños (equivalente a una LLC), linfoma linfoplasmocítico/macroglobulinemia de Waldenström), linfoma de la zona marginal (en los que se incluyen los linfomas MALT) y los linfomas cutáneos T (micosis fungoide y síndrome de Sézary).

Paradójicamente, los LNH agresivos acostumbran a responder bien a los tratamientos quimioterápicos, mientras que los linfomas indolentes que son muy difíciles de erradicar por completo.

Los síntomas

Los síntomas de los LNH son muy variables y dependen de cada tipo específico de linfoma.

Un gran porcentaje de pacientes son diagnosticados al detectarse una adenopatía. El termino adenopatía o linfadenopatía se usa en medicina para describir un aumento de volumen o la inflamación de un ganglio linfático.

De forma característica los pacientes sintomáticos pueden presentar: fiebre, sudoración nocturna, pérdida de peso, fatiga e infecciones de repetición. También pueden producirse manifestaciones como consecuencia del crecimiento del tamaño del bazo (molestias abdominales), de la compresión de un órgano por un tumor de gran tamaño (tos, dolor lumbar o abdominal), o del mal funcionamiento de un órgano por su infiltración por las células cancerosas.

Los linfomas se suelen clasificar en cuatro estadios en función de: el número y la localización de los nódulos linfáticos afectados; si estos nódulos linfáticos afectados están por encima, por debajo o a ambos lados del diafragma, y si la enfermedad se ha extendido a la médula ósea, bazo, o a órganos ajenos al sistema linfático, como el hígado (ver a continuación).

El diagnóstico

Para efectuar un diagnóstico preciso, deberá realizarse una biopsia de uno de los ganglios aumentado de tamaño y deberá realizarse el estudio de extensión de la enfermedad (exploraciones encaminadas a averiguar cuántos territorios ganglionares se hallan afectos). Para ello deberán efectuarse análisis de sangre, una o varias pruebas de imagen (radiografías, ecografía, gammagrafía, escáner torácico, abdominal y pélvico, PET corporal) y una biopsia medular (biopsia del hueso de la cadera) para poder valorar el estado de la médula ósea.

En función de las áreas afectas los linfomas se clasifican en (clasificación de Ann Arbor):

Estadio I: Afección de un único territorio ganglionar o de una sola localización extralinfoide.

Estadio II: Afección de dos o más territorios ganglionares o estructuras linfoides en el mismo lado del diafragma.

Estadio III: Afección de territorios ganglionares o estructuras linfoides a ambos lados del diafragma.

Estadio IV: Afección diseminada de una o más localizaciones extralinfáticas (médula ósea. piel, hígado,...), con o sin afección ganglionar médula ósea o la piel.

 

El estadio del linfoma va acompañado de las letras A, B, E o S.

A: el paciente no presenta fiebre, pérdida de peso o sudores nocturnos.

B: el paciente presenta síntomas (fiebre, pérdida de peso o sudores nocturnos).

E: se encuentra cáncer en un órgano o tejido que no forma parte del sistema linfático, pero que puede estar cerca de un área afectada del sistema linfático.

S: cáncer se encuentra en el bazo (spleen en inglés).

En los linfomas agresivos procede realizar una punción lumbar para estudiar el líquido cefalorraquídeo y poder detectar infiltración del sistema nervioso central por la enfermedad.

En los pacientes jóvenes que así lo deseen, dado que normalmente el inicio de tratamiento no suele ser urgente, procede efectuar criopreservación de semen en los varones. Es más dudosa la efectividad de los protocolos de preservación de la fertilidad en mujeres.

Su tratamiento y pronóstico

Al igual que los síntomas, el tratamiento de los LNH es variable en función del tipo de linfoma, la edad y el estado general del paciente, la extensión de la enfermedad y la progresión de la misma.

Como norma general, los linfomas denominados indolentes (o de bajo grado de malignidad), a pesar de hallarse muy extendidos por el organismo, tienen una muy lenta evolución, por lo que pueden no requerir tratamiento inmediato tras el diagnóstico de la enfermedad. En ellos la respuesta al tratamiento suele ser buena pero casi nunca erradicativa con lo que, con el tiempo, el linfoma se reproducirá.

Contrariamente, los linfomas agresivos (o de alto grado de malignidad) pueden estar más localizados, tienen una evolución más rápida, hecho que obliga a tratarlos rápidamente, pero suelen responder muy bien al tratamiento, siendo frecuente alcanzar la remisión completa de la enfermedad (ausencia de síntomas y de enfermedad demostrable empleando los métodos de estudio de extensión antes citados) y en muchos casos la curación de la misma.

El tratamiento de los linfomas indolentes puede variar entre los distintos subtipos. Así, en el linfoma folicular (el más frecuente) y en pacientes asintomáticos, la abstención terapéutica se considera la actitud más adecuada. En pacientes con enfermedad localizada la radioterapia puede ser el mejor tratamiento. Para el resto de pacientes, no existe un tratamiento que pueda considerarse estándar, pero los actuales se basan en el empleo de Rituximab (anticuerpo monoclonal contra el receptor CD20 que presentan específicamente las células linfoides neoplásicas) asociado a uno o varios agentes quimioterápicos clásicos. Si no hay respuesta al tratamiento o la enfermedad recidiva puede plantearse un esquema quimioterápico distinto, que podrá seguirse, en función de la respuesta, la edad y estado general del paciente, de un trasplante autogénico (del propio paciente) o un trasplante alogénico (de donante compatible) de intensidad reducida.

Por contra, en los linfomas MALT el tratamiento se basa en combatir el estímulo antigénico que ha originado la transformación neoplásica (infecciones, procesos inflamatorios locales, enfermedades autoinmunes, etc.) por lo que el tratamiento puede ser únicamente el tratamiento de la infección o la patología causal, si bien en estadios avanzados suele ser necesario asociar al mismo quimioterapia convencional asociada o no a Rituximab.

El tratamiento de los linfomas agresivos también es variable en función del tipo de linfoma, su extensión y la edad y estado general del paciente. Así, en el más frecuente, el linfoma difuso de células grandes B, el esquema quimioterápico más empleado es el denominado R-CHOP, que asocia Rituximab a ciclofosfamida, adriamicina, vincristina y prednisona, con una frecuencia de administración y número de ciclos variable según cada caso. La radioterapia puede ser efectiva para tratar áreas afectas localizadas. El trasplante de progenitores hematopoyéticos (normalmente autogénico y más excepcionalmente alogénico) queda limitado en esta enfermedad a los pacientes refractarios al tratamiento de primera línea o en recaída, siempre que la enfermedad permanezca quimiosensible.

El pronóstico es muy variable para cada subtipo de linfoma. Así, en los linfomas foliculares, a pesar de la escasa probabilidad de curación con el tratamiento, la probabilidad de supervivencia es muy prolongada siendo su mediana superior a los 13 años. Por contra, los linfomas agresivos, suelen responder muy bien al tratamiento y la probabilidad de curación de un paciente joven con un linfoma difuso de células grandes si sitúa en el 60-80%.

Más información en: Opciones de tratamiento para el linfoma no Hodgkin (Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos)

Algunos subtipos concretos de linfoma no hodgkiniano

Linfoma folicular

El linfoma folicular es un tipo de linfoma no Hodgkin indolente de células B. Se trata de un tipo de linfomas con gran prevalencia en el mundo occidental (alrededor de un 30% de todos los LNH). Aunque puede aparecer en cualquier edad, es propio de personas adultas siendo la media de edad en el diagnóstico 60 años. Es muy poco frecuentes en pacientes jóvenes o niños. La clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) distingue tres subgrupos de linfomas foliculares:

- el linfoma folicular con predominio de células pequeñas o tipo I

- el linfoma folicular mixto de células pequeñas y grandes o tipo II

- el linfoma folicular con predominio de células grandes o tipo III

Estos pacientes se encuentran habitualmente asintomáticos y acostumbran a acudir a su médico tras percibir una adenopatía indolora (aumento de volumen de un ganglio). El 60% de los pacientes presenta infiltración de la médula ósea al diagnóstico. Alrededor del 25% de los pacientes también presenta esplenomegalia (aumento de volumen del bazo) y una tercera parte puede tener infiltración en el hígado. Los síntomas generales de los linfomas (sudoración nocturna, fiebre, pérdida de peso) suelen ser poco frecuentes.

La evolución de este tipo de linfoma es indolente y lenta, con una supervivencia que supera los 12 años de promedio desde el diagnóstico. Lamentablemente, la curación de estos pacientes es difícil y para los enfermos en un estadio avanzado (que suponen el 80% de los casos) es imposible alcanzarla con los tratamientos convencionales. Aunque una parte de los pacientes puede alcanzar la remisión completa, a medida que avanza el curso del LF, las recaídas son más frecuentes y los periodos en remisión más cortos. La ausencia de un tratamiento que cure, la supervivencia relativamente prolongada de estos enfermos y su habitual edad avanzada, son factores que condicionan el tratamiento. En un 20% de los pacientes enfermos de linfoma folicular, la enfermedad se transforma en un linfoma agresivo, representando entonces un factor de muy mal pronóstico a corto plazo.

En los pacientes asintomáticos al diagnóstico, la abstención terapéutica se considera la opción más adecuada, ya que existen estudios realizados en la era pre-Rituximab, demostrando que el tratamiento inmediato no se acompaña de una mejora en la supervivencia. No se dispone por el momento de dichos estudios comparados con esquemas que incluyan Rituximab. En los pacientes con linfoma folicular en estadio localizado (I y II) se debe considerar la radioterapia combinada con quimioterapia. La radioterapia con diferentes técnicas de irradiación produce un excelente y prolongado control local de la enfermedad (hasta en el 90% de los pacientes). En el resto de pacientes el tratamiento se basa en Rituximab (anticuerpo monoclonal contra el receptor CD20 que presentan específicamente las células linfoides neoplásicas) asociado a uno o varios agentes quimioterápicos clásicos (clorambucilo, bendamustina, adriamicina, ciclofosfamida, fludarabina, mitoxantrona, entre otros).

Si no hay respuesta al tratamiento o la enfermedad recidiva puede plantearse un nuevo esquema quimioterápico que podrá seguirse, en función de la respuesta, la edad y estado general del paciente, de un trasplante autogénico (del propio paciente) o un trasplante alogénico (de donante compatible) de intensidad reducida.

Linfoma B difuso de células grandes

Se trata de un linfoma no hodgkiniano agresivo, con una gran prevalencia, alrededor del 30% de todos los LNH. Su incidencia es de 50-60 nuevos casos por millón de habitantes/año y aumenta con la edad. Aunque se observa en cualquier edad, la edad mediana de los pacientes con linfomas de células grandes es de 55 años. Dadas las variables alteraciones citogenéticas y moleculares, así como las distintas formas clínicas (ver a continuación) hacen sugerir etiologías variadas en las que intervengan factores del huésped y ambientales (como las infecciones virales, en especial del grupo herpes).

La clasificación de la OMS evidencia la gran variabilidad clínica de estos pacientes:

1.- Linfoma B Difuso de Células Grandes No Especificado (LBDCG):

VARIANTES

Morfológicas: Centroblástico, Inmunoblástico y Anaplásico
Moleculares: Centro Germinal y Célula B activada
Inmunohistoquímicas: CD5 pos, Centro Germinal y Célula B activada

2. Subtipos de LBDCG:

Linfoma de células grandes B rico en células T e histiocitos

LBDCG primario del SNC

LBDCG primario cutáneo de la pierna

Linfoma del anciano VEB+

3. Otros Linfomas B de Células Grandes:

Linfoma primario de mediastino (origen tímico)

Linfoma de células B grandes ALK+

Linfoma primario de cavidades (asociado a HHV8)

Linfoma B de células grandes intravascular

Linfoma B asociado a inflamación crónica

Granulomatosis linfomatoide

Linfoma B plasmablástico

Linfoma B tras enfermedad de Castleman asociada a infección por virus HHV8

Linfoma Primitivo de cavidades

4. Categorías inclasificables:

Linfoma B intermedio entre linfoma de Burkitt y LBDCG

Linfoma intermedio entre linfoma de Hodgkin esclerosis nodular y LBDCG

Estos pacientes acostumbran a acudir a su médico tras percibir una adenopatía indolora (aumento de volumen de un ganglio) aunque casi la mitad de los casos puede consultar debido a una manifestación clínica distinta dependiendo de dónde se manifieste el linfoma (dolores abdominales, intestinales, hemorragias, dolores óseos, etc.,...). En una tercera parte de los pacientes existen los síntomas generales de los linfomas (sudoración nocturna, fiebre, pérdida de peso).

La evolución de este tipo de linfoma es agresiva y su pronóstico depende mucho de la edad del paciente, su estado general, la extensión del tumor y la respuesta al tratamiento. El tratamiento de estos linfomas se basa en la asociación de quimioterapia y radioterapia sobre áreas afectas localizadas o de gran tamaño (p.ej. masa mediastínica). El esquema quimioterápico más empleado en la actualidad es el denominado R-CHOP, que asocia Rituximab a ciclofosfamida, adriamicina, vincristina y prednisona, con una frecuencia de administración y número de ciclos variable según cada caso. La radioterapia puede ser efectiva para tratar áreas afectas localizadas. El trasplante de progenitores hematopoyéticos (normalmente autogénico y más excepcionalmente alogénico) queda limitado a los pacientes refractarios al tratamiento de primera línea o en recaída, siempre que la enfermedad permanezca quimiosensible.

Hasta el 80% de los pacientes jóvenes pueden curar con esta aproximación terapéutica, disminuyendo esta probabilidad con el aumento de edad.

Linfomas de células del manto

El linfoma de células del manto es un tipo poco frecuente de linfoma no hodgkiniano de células B que representa alrededor del 10% de todos los LNH. Aparece en personas de edad avanzada y es más frecuente en varones. El 60% de los pacientes tiene más de 60 años al diagnóstico.

Estos pacientes acostumbran a acudir a su médico estando ya la enfermedad en una etapa avanzada. El paciente presenta los síntomas generales de los linfomas (sudoración nocturna, fiebre, pérdida de peso) y habitualmente esplenomegalia (agrandamiento del bazo) y adenopatías (aumento indoloro y significativo de un ganglio). La afección extraganglionar es muy frecuente, especialmente la invasión de la médula ósea.

La evolución de este tipo de linfoma es de mal pronóstico. Lamentablemente, actualmente no existe ninguna terapéutica curativa para esta enfermedad. Aunque una parte de los pacientes puede alcanzar la remisión completa con tratamiento de quimioterapia (basado en esquemas tipo R-CHOP o más intensivos como el HyperC-VAD), a medida que avanza el curso clínico del linfoma, las recaídas son más frecuentes y los periodos en remisión más cortos.

En este tipo de linfoma, el trasplante de autólogo de progenitores hematopoyéticos no parece mejorar la supervivencia de los pacientes, si bien se suele emplear en pacientes en segunda línea de tratamiento. Aunque la experiencia es aún limitada, en los pacientes jóvenes con datos de mal pronóstico que dispongan de un donante compatible, debe valorarse la posibilidad de realizar un trasplante alogénico, ya que ésta es la única opción terapéutica con opciones curativas.

Linfoma de células B extraganglionar tipo MALT

El linfoma de tipo MALT es un tipo de linfoma indolente de células B que conocido por su afectación estomacal. El MALT es un tejido linfático que puede aparecer en las mucosas. La infección por una bacteria que infecta el epitelio gástrico humano, habitualmente Helicobacter pylori (en el 90% de los casos), hace aparecer el tejido MALT en forma de gastritis folicular y, a partir de ella, se pueden dar cambios moleculares que podrían conducir al linfoma MALT.

Existen otras formas de linfomas MALT que se han relacionado con otras infecciones como:

Linfomas MALT cutáneos y Borrelia burgdorferi

Linfomas oculares y Chlamydia psitacci

Linfoma intestinal y Campylobacter yeyuni

Los pacientes con un linfoma MALT acostumbran a acudir al médico con síntomas gástricos: ardor de estómago, hemorragia, dolor epigástrico o abdominal. Este tipo de linfoma acostumbra a permanecer localizado pero, eventualmente, puede extenderse a otras zonas como los pulmones, los intestinos o la médula ósea. En el 10% de los pacientes con linfoma MALT, la enfermedad se transforma en un linfoma agresivo de mal pronóstico.

En los casos de linfoma MALT gástricos localizados, la erradicación de la bacteria Helicobacter pylori mediante antibióticos, consigue la desaparición del linfoma a nivel microscópico en la mayoría de casos. Si la enfermedad no se resuelve o no está limitada a estómago, será preciso asociar quimioterapia, normalmente basada en agentes como clorambucil, fludarabina, bendamustina o combinaciones tipo CHOP, asociadas o no a Rituximab (anticuerpo monoclonal contra el receptor CD20 que presentan específicamente las células linfoides neoplásicas). Una vez alcanzada, la remisión se mantiene estable en el 90% de los casos.

En los linfomas MALT extragástricos limitados, en ocasiones se emplea radioterapia local además de la quimioterapia antes mencionada.

Linfoma de Burkitt

El linfoma de Burkitt, también conocido como linfoma de células pequeñas no hendidas, es un tipo de linfoma no hodgkiniano agresivo de células B. Este tipo de neoplasia es poco frecuente y afecta sobre todo a pacientes jóvenes.

El linfoma de Burkitt se distingue en 3 subtipos con características y manifestaciones clínicas distintas:

- El linfoma de Burkitt endémico. Se observa en niños en África ecuatorial. Es la malignidad más frecuente entre niños de esa región del mundo. Los pequeños afectados por la enfermedad por lo general suelen tener también infección crónica por malaria. La enfermedad tiende a afectar la mandíbula y otros huesos faciales. Se asocia a la presencia del virus Epstein-Barr en el 95% de los casos.

- El linfoma de Burkitt esporádico. Esta variante se presenta en todo el mundo y afecta sobre todo a niños y adultos jóvenes. Este tipo de enfermedad constituye una tercera parte de los linfomas en niños.

- El linfoma de Burkitt asociado a inmunodeficiencia. Esta variante se asocia en especial a la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) o puede ocurrir a pacientes trasplantados que estén recibiendo medicamentos inmunosupresores.

La forma más habitual en nuestro medio (la esporádica del adulto) representa tan sólo el 2% de todos los linfomas en el mundo occidental. Se caracteriza por un inicio muy agresivo con grandes masas ganglionares y afectación extramedular. Cuando la afectación medular es importante se le denomina Leucemia linfoblástica B madura o leucemia de Burkitt.

El tratamiento de primera línea debe de iniciarse de inmediato y se basa en la quimioterapia intensiva con esquemas algo diferenciados del resto de linfomas agresivos, tanto por sus dosis más elevadas como por su contenido. Así el tratamiento más habitual asocia ciclofosfamida, metotrexato, citarabina, el anticuerpo monoclonal Rituximab y la profilaxis de la infiltración del sistema nervioso central. Es decir, esquemas que se asemejan a los empleados en las leucemias linfoblásticas agudas. Con estas combinaciones el 75-80% de los niños y jóvenes responde favorablemente. Este tratamiento debe iniciarse de inmediato ya que se trata de una enfermedad en la que el tumor progresa muy rápidamente.

El trasplante autólogo de progenitores hematopoyéticos no está indicado como tratamiento de primera línea y se reserva para pacientes con mal pronóstico.

Linfomas periféricos de células T

Los linfomas periféricos de células T son un grupo heterogéneo de linfomas muy agresivos que representan el 5-10% de los linfomas. Suelen presentarse en pacientes adultos en un estadio avanzado y que se diagnostican tras la aparición de síntomas como sudoración nocturna, fiebre, o pérdida de peso. La afección extraganglionar es muy frecuente.

La combinación de quimioterapia tipo CHOP (ciclofosfamida, adriamicina, vincristina y prednisona) constituye la base de su tratamiento y, pese a que sus resultados no son satisfactorios, no se ha encontrado ninguna estrategia terapéutica que ofrezca mejores resultados. Algunos pacientes responden bien a la quimioterapia inicial, pero las largas supervivencias en este tipo de linfoma no son comunes, siendo la supervivencia a los cinco años del 30%. El linfoma suele progresar en poco tiempo y el pronóstico es muy desfavorable. Esto motiva que los pacientes jóvenes con linfoma periférico de células T en recaída sean buenos candidatos para tratamientos experimentales que pueden incluir un trasplante de progenitores hematopoyéticos.

Linfoma anaplásico de células grandes

El linfoma anaplásico de células grandes CD30 (Ki-1) positivo debe separarse del resto de linfomas de células T por su pronóstico más favorable y su respuesta al tratamiento. Este tipo de linfoma debe distinguirse del linfoma anaplásico cutáneo, de excelente pronóstico y de otros linfomas B o T de rasgos anaplásicos. Representa aproximadamente el 3% de todos los linfomas no hodgkinianos en adultos y el 10-30% de los linfomas infantiles. El tipo ALK+ es más frecuente en menores de 30 años y predomina en varones. La forma ALK negativa es más frecuente en mayores, sin diferencia entre sexos. La mayoría de los pacientes presentan enfermedad avanzada, con síntomas sistémicos (sobretodo fiebre elevada) y afectación extranodal. La médula ósea está infiltrada en un elevado número de casos.

La combinación de quimioterapia tipo CHOP (ciclofosfamida, adriamicina, vincristina y prednisona) a la que en estadios localizados puede añadirse la radioterapia, constituye la base del tratamiento del linfoma anaplásico de células grandes y la remisión completa se obtiene en el 70-80% de los pacientes ALK+.

Linfoma linfoblástico de células T

El linfoma linfoblástico es un tipo de linfoma no hodgkiniano agresivo que afecta especialmente a niños. En adultos es relativamente raro pero supone una tercera parte de los linfomas que se diagnostican en niños y jóvenes.

El linfoma linfoblástico se clasifica según si es de precursores B o T pero este último es el más habitual. Las células cancerígenas del linfoma linfoblástico son las mismas que las de la leucemia linfoblástica aguda (LLA). De hecho, la enfermedad se clasifica como linfoma linfoblástico y se trata como tal si la proporción de blastos en la médula ósea es inferior al 25% y no existen blastos en sangre periférica. Si no fuese así, se clasificaría como leucemia linfoblástica aguda (LLA).

Más del 90% de los pacientes se halla en estadios avanzados de la enfermedad (estadios III y IV) y un 60% acaba desarrollando leucemia linfoblástica aguda (LLA).

La combinación de quimioterapia habitual en otros linfomas agresivos, denominada CHOP (ciclofosfamida, adriamicina, vincristina y prednisona), no ofrece buenos resultados. Por ello, el tratamiento debe basarse en esquemas propios de la leucemia linfoblástica aguda para conseguir tasas de remisión elevadas (70-90%) en niños y mucho menores en adultos. Debido a la pobre respuesta al tratamiento en adultos, en ocasiones se recomienda la administración de altas dosis de quimioterapia seguidas de un trasplante autólogo o, fundamentalmente, alogénico (procedente de un donante familiar o voluntario) de progenitores hematopoyéticos.

Más información sobre los linfomas no Hodgkin en adultos

Conoce a personas que han padecido esta enfermedad

Apoyo y ayuda

Si padeces linfoma no Hodgkin o el paciente es un familiar, también puedes acceder al foro de pacientes y ex-pacientes de la Fundación Josep Carreras, un grupo de personas que se apoyan y aconsejan para vivir esta situación de la mejor manera posible. Puedes acceder al Foro desde aquí. Si resides en España, también puedes ponerte en contacto con nosotros enviándonos un email a comunicacio@fcarreras.es si quieres que te ayudemos a ponerte en contacto con otras personas que han superado esta enfermedad.

También puedes consultar otros enlaces interesantes aquí.

Página web actualizada 24/11/2014 13:38:38