Pablo

"Sólo el que ha caído puede demostrar que sabe LEVANTARSE. Luchar por lo que sabes que va a funcionar no tiene ningún mérito. Valiente no es el que no tiene miedo, es aquel que aun TENIÉNDOLO sigue adelante.......Y POR MUCHOS AÑOS."

A principios de 2012, a las cinco en punto de la tarde, el estadio Anxo Carro de Lugo acogía un partido muy especial: el Lugo-Celta B. Ni los jugadores eran los protagonistas, ni siquiera el resultado lo fue. El centro de atención era Pablo Nanclares, un árbitro de segunda división nacido en Oviedo hace 34 años que se reincorporaba a su trabajo tras haber superado una leucemia.

Pablo Nanclares en su primer partido después de su leucemia

Pablo Nanclares en su primer partido después de su leucemia 

El mismo día de 2009 en que a Pablo le detectaron una leucemia linfoblástica aguda, ingresó de urgencia en el Hospital de Oviedo para no salir hasta después de más de un año. Las únicas palabras que repetía a su médico eran que tenía que volver a arbitrar la siguiente temporada y que se dieran prisa por curarle. Después de un año ingresado, su única preocupación seguía siendo: "tengo que volver a arbitrar aunque sólo sea un partido".

En mayo de 2009, tras acompañar a Enrique Mejuto a San Mamés como cuarto árbitro en un Athletic-Mallorca, Pablo Nanclares dio su brazo a torcer: "Llevaba un tiempo cansado, comía poco y sangraba por la nariz. Mi hermana me obligó a hacer unos análisis". A las dos horas de la extracción, sus padres recibieron una llamada: Pablo tenía que ingresar urgentemente. Del susto pasó en seguida a la certeza de que pasaba algo grave, leucemia. "Me ingresaron directamente en la unidad especial de aislamiento y al día siguiente ya me dieron la primera sesión de quimioterapia de alta intensidad. Siempre crees que no te va a tocar a ti. Cuando te pasa te das cuenta de que dependes de tu salud para todo".

Pablo Nanclares, paciente de leucemia

Un mes más tarde, cuando le dijeron que requería un trasplante de médula ósea para curarse, al sufrimiento físico se le añadió la incertidumbre sobre la posibilidad de encontrar un donante compatible. "De la familia sólo valen los hermanos, y únicamente con un 25 por ciento de posibilidades de compatibilidad. Como mi única hermana no lo era, mi caso pasó al REDMO (Registro de Donantes de Médula Ósea) de la Fundación Josep Carreras, que empezó a buscar un donante compatible entre las 20 millones de personas que hay registradas por todo el mundo".

Pablo, paciente de leucemia, en el hospital 

A finales de 2009, a su habitación llegó por fin un rayo de luz: "me dijeron que había un donante compatible al cien por ciento, que es algo así como encontrar a una persona en el mundo que tenga exactamente tu misma cara". El protocolo, que asegura el anonimato del donante, impidió que Nanclares conociese a su salvador: "sólo me dijeron que es inglés. Y que es menor que yo, lo que me dio mucho que pensar, ya que eso significa que se hizo donante muy joven".

Pablo, paciente de LLA

Después de los trámites necesarios, el equipo de la Unidad de Trasplante de Médula del Hospital Central de Asturias realizó el trasplante. Es "mi segundo cumpleaños". Todo lo que había pasado Pablo Nanclares hasta ese momento -vómitos, caída del pelo, debilidad- se quedó corto con lo que sufrió en los siguientes siete días. "Como las sesiones habían eliminado todas mis células madre y las nuevas necesitaban un tiempo, durante una semana viví artificialmente", recalca Nanclares. "Llegaba un momento en que ni la morfina me calmaba el dolor, pero los médicos me decían que aguantase porque cada día estaría un poco mejor. Así fue. A la semana noté que las células volvían a funcionar porque se regeneraban los glóbulos rojos. La sensación que tuve fue de volver a la vida".

Pablo Nanclares, el día que abandonó el hospital

Otra fecha que no olvidará jamás es el 16 de diciembre de 2009, cuando abandonó el hospital en el que había pasado los siete peores meses de su vida. Un tiempo en el que tuvo el apoyo clave de sus padres; su hermana, Susana, y su novia, Silvia, con la que se casó poco después. Al margen del aislamiento obligatorio, durante aquel tiempo Pablo Nanclares no quiso ver a nadie más "porque me encontraba fatal y, a diferencia de otras enfermedades, las visitas no me aliviarían".

Mensaje de apoyo para Pablo Nanclares

Ya fuera del hospital, Pablo Nanclares afrontó otro reto, el de reconstruir un organismo machacado por un tratamiento brutal, que sólo pueden superar personas con una buena preparación física. Nanclares, que hizo atletismo hasta los 16 años y arbitra desde entonces, es consciente de que el deporte también le salvó la vida.

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Página web actualizada 06/12/2016 03:43:43