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Entrevista a Susana, ex-paciente de leucemia

Susana tiene 38 años y vive en Zaragoza. En julio de 1991, cuando cumplía la mayoría de edad, le diagnosticaron una leucemia mieloide aguda. Tras seguir el tratamiento de quimioterapia, se sometió a un autotrasplante de médula ósea en el Hospital Clínic de Barcelona. Aunque pensó que no podría tener hijos debido a la quimioterapia y radioterapia de alto grado a las que se tuvo que someter, hoy es madre de 3 niños biológicos: Olivia, Juanito y María.

Susana i família

Susana, con su familia en 2010. 

- ¿Cuál era tu situación personal antes de diagnosticarte leucemia? ¿Cuáles eran tus proyectos? ¿Qué supone el diagnóstico? ¿Cómo te lo tomas?

Me diagnosticaron la leucemia en agosto de 1991. Entonces yo acababa de terminar mis estudios en el colegio y me había matriculado en la universidad para empezar a estudiar Empresariales.

También en aquellas fechas me encantaba practicar atletismo. Había quedado en dos ocasiones subcampeona de España de 300 metros lisos y 300 metros vallas, y campeona de España de 800 metros lisos por equipos en San Sebastián. Me decían que tenía muy buena trayectoria para participar en las Olimpiadas de Barcelona del ‘92.

Estaba de vacaciones en la playa y luego en la montaña cuando empecé a encontrarme mal. Un día tenía mucha fiebre, otro día solo décimas, muchos moratones... y sobre todo estaba muy cansada. Así que mis padres decidieron volver antes de las vacaciones e irnos a Zaragoza. Me hicieron unos análisis de sangre y me mandaron a casa. A las pocas horas llamaron a mis padres para darles la noticia. Fue muy duro para ellos.

Mis padres me dijeron que habían llamado del hospital y que me tenían que ingresar porque tenía una anemia muy grande y que iba a estar hospitalizada muchos días. Prefirieron ocultarme el diagnóstico. Yo creo que en el fondo sabía lo que me pasaba, pero el oír la palabra "leucemia" me asustaba. Poco a poco me fui enterando y lo fui asumiendo y la verdad es que fui positiva: en mi interior siempre pensaba que iba a salir adelante.

El apoyo de mi familia fue lo más importante. Siempre los tenía a mi lado y siempre con una sonrisa en su rostro. Mis amigas tampoco dejaron de venir ni un solo día a verme al hospital. Y no me quiero olvidar del equipo médico tanto de Zaragoza como de Barcelona. Fueron increíbles: una entrega absoluta, un trato humano impresionante.

-¿Y el trasplante? Explícanos cómo fue ese proceso.

En enero del ‘92 (las Olimpiadas de Barcelona) me dijeron en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza que mi médula había hecho remisión completa gracias a los tratamientos de quimioterapia que me habían dado. Ya estaba preparada para el trasplante.

Acudimos a la unidad de cámaras de aislamiento financiadas por la Fundación Josep Carreras en el Hospital Clínic de Barcelona y me hicieron todas las pruebas para prepararme para el trasplante.

En mi caso, fue un autotrasplante de médula ósea Me extrajeron un litro y medio de médula de mis crestas ilíacas en el quirófano con anestesia general i después trataron estas células y las trasplantaron en mi cuerpo. Primero me dieron cuatro sesiones de una hora de radioterapia y dos noches de quimioterapia y, cuando mis defensas estaban a cero, me hicieron el trasplante.

La radio y la quimio fueron muy duras pero, por otra parte, estaba muy contenta porque sabía que el trasplante era lo que me iba a salvar la vida.

- Uno de los peores momentos debe de ser cuando te informan que el tratamiento de la leucemia puede generar infertilidad. ¿Cómo te enfrentas a esta situación?

La noche de antes de extraerme parte de mi médula para hacerme el autotrasplante, en la sala de espera del hospital, me puse a hablar con otro paciente que también le iban a hacer el trasplante y me preguntó si había congelado mis óvulos porque me iba a quedar estéril.

En ese momento, toda mi alegría por el hecho de que iba a ser trasplantada se vino abajo. Fue muy triste el enterarme así. No dio tiempo a que me lo dijeran ni los médicos ni mis padres.

Esa noche no dormí ni un solo minuto, y llegue a la operación muy alterada, de hecho les costó mucho anestesiarme.

Al día siguiente se lo dije a mis padres y a los médicos y me dijeron que la medicina no era una ciencia exacta y que no sabían qué podía pasar. Mis padres también lo pasaron muy mal, me veían tan joven que no sabían que decirme pero siempre me daban esperanzas.

- ¿Alguien te explicó las posibilidades que tenías para quedarte embarazada tras superar la leucemia?

Una vez trasplantada y pasados varios años, cuando me iba a casar, le pregunté a la doctora de Hematología si podría tener hijos y me dijo que era muy difícil porque la radioterapia y la quimioterapia que me habían dado era lo máximo que permitía un cuerpo humano.

La ginecóloga que nos llevaba a las trasplantadas me comentó que me podía apuntar a la lista de espera de donantes de óvulos y que cabía la posibilidad de que otra mujer me donara un óvulo para poder tener hijos. Así que le hice caso y me apunté. Me puse a esperar que me llamaran pero sin el convencimiento de hacerlo.

Después de la leucemia estuve diez años sin tener menstruación y, al cabo de esos años, empecé a reglar por mi misma.

- ¿Tuviste que recurrir a algún método de fecundación in vitro o te quedaste embarazada de forma biológica? ¿Qué sentiste cuando te dijeron que esperabas un bebé?

Me casé con un hombre maravilloso al que le dije que no iba a poder tener hijos. Él me dijo que no me preocupara, que disfrutaríamos de nuestros sobrinos, que me quería tal como era.

Nos fuimos de viaje de novios y a la vuelta estuve dos meses sin tener la menstruación pero pensé que eran irregularidades, como siempre, debido a la leucemia. Mi hermana me compró una prueba de embarazo y hasta me enfadé con ella porque le dije que yo no podía tener hijos. Al final me convenció, me hice la prueba y salió positiva. Era un embarazo concebido de forma biológica.

Susana i bebès

Susana, hace unos años, con Olivia y Juanito

¡Estaba tan emocionada! Estaba en casa con mis padres cuando me enteré y lo primero que hice fue llamar a mi marido para darle la noticia. Todos estábamos muy felices, no nos lo creíamos.

- ¿Tuviste que vigilar de alguna forma el embarazo por ser ex-paciente de leucemia?

Nada más saber que me había quedado embarazada, llamé a la Dra. Rovira de Hematología y a la Dra. Duran de Ginecología del Hospital Clínic de Barcelona y las dos me dijeron que podía ser un embarazo completamente normal.

Y afortunadamente así fue. He de reconocer que yo tenía un poco de miedo por la medicación que me habían dado, pero también pensaba que si Dios había querido que tuviera un hijo, sabía que iba a ser un hijo precioso. Y así fue. Nació Olivia, después Juanito y hace dos años nació María. Son tres niños espectaculares rebosantes de salud.

- Ahora que tienes tres niños preciosos, ¿qué le dirías a una mujer que actualmente esté pasando por un diagnóstico así?

Le diría lo siguiente:

¡Muchísimo ánimo! Han pasado diecinueve años desde que me detectaron la leucemia y la medicina desde entonces ha avanzado considerablemente.

Al principio se te cae el mundo encima, pero con la fortaleza que seguro que tú tienes y sobre todo el gran apoyo de tu familia y lo mucho que rezamos, superarás esta enfermedad.

Como me decían los médicos, la medicina no es una ciencia exacta. Yo, durante muchos años, estaba convencida de que no iba a tener hijos pero estaba muy emocionada de haber salido adelante y de tener otra oportunidad de disfrutar de nuevo la vida.

Afortunadamente existen muchos avances para poder concebir un hijo, y también está la posibilidad de adoptar uno de esos niños que se encuentran abandonados y les puedes hacer muy felices. Y si no, hay que disfrutar de tu familia y de la persona que tienes a tu lado.

Sobre todo, quiero darte mucho ánimo y decirte que no te derrumbes. Estás en las mejores manos y no dudes que te vas a curar, seguro.

Con todo mi cariño, una ex-paciente de leucemia que un día estuvo como tú.

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Página web actualizada 12/12/2017 01:42:34