Antonio

Hola, me llamo Antonio, tengo 56 años y soy paciente de leucemia mieloide crónica en el hospital Duran i Reynals de Barcelona. Fui diagnosticado en marzo de 1999 gracias a una analítica pedida por mi traumatólogo debido a dolores cervicales y musculares. Los resultados dieron unos valores de glóbulos blancos de 125.000, así que me derivaron al hematólogo.

Después de una punción medular la noticia fue que tenía leucemia mieloide crónica. En aquel momento lo primero que pensé fue en mi mujer y mis hijos y lo que sufrirían con la noticia, y no tanto en lo que me iba a pasar a mí.

El tratamiento en aquellos años era muy diferente al actual, siendo Hydrea e Interferon el tratamiento a seguir. El pronóstico era de entre 5 y 10 años de supervivencia. Mis hermanas y mi madre se realizaron el tipaje para un posible trasplante y no eran compatibles conmigo, pero entre mis hermanas si lo eran al 100%, ¡empezábamos bien! Estuve en busca de médula en el REDMO y tampoco hubo suerte.

Decidieron que en agosto de ese mismo año me realizara una aféresis para tratar mi medula para un posible autotransplante. Ingresé en el hospital y estuve un mes; fue bastante llevadero a pesar de la quimioterapia y los efectos secundarios. Cuando salí continué con Interferon, un medicamento con unos efectos secundarios bastante malos; era como si estuvieras siempre con una gripe, dolores musculares, tiritonas por la noche y décimas de fiebre. Así estuve hasta mayo del 2002 cuando empecé a encontrarme fatal y caí en fase blástica.

En aquel momento el protocolo a seguir fue Glivec y autotransplante. El 25 de noviembre ingresaba para el autotransplante, con tratamiento de quimioterapia muy fuerte, vómitos, mucocitosis, infección de catéter, fiebre alta, cámara de aislamiento… El 5 de diciembre me hicieron la infusión de la medula y, después de subir las defensas, el 24 de diciembre me dieron permiso para pasar la nochevieja en casa.

Después del autotransplante tuve una recuperación lenta, continuando con el tratamiento de Glivec, así fue hasta el año 2010, cuando tuve resistencia y cambié a Tasigna hasta la actualidad, tomando unos 600 diarios.

Durante estos casi 18 años he conocido compañeros de batalla que son familia y que llenan también mi vida y es con lo que me quedo de esta enfermedad.

Muchas gracias a mi familia y amigos por estar siempre conmigo.

¡Abrazos a todos, mucha fuerza y positividad!

LA VIDA NO ACABA CON UN DIAGNOSTICO, AYUDANOS A CONTINUAR.

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