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Mariona

“Cariño, es un tumor…por favor, corazón, no llores, no llores.”

Esas fueron las únicas palabras de mi padre que fui capaz de escuchar la tarde del 23 de agosto de 2017; y, así, sin previo aviso, sin esperarlo, sin que nada en la vida te prepare nunca para recibir una noticia así, supe que tenía un cáncer.

Me llamo Mariona, tengo 27 años y soy ex paciente de un linfoma de Hodgkin.

Creo que así comienzan todas nuestras historias, con esa llamada inesperada, y ese diagnóstico sorpresa. Aunque creo que una parte de mí (y quizás vuestra también) siempre supo que ese pequeño bulto (o no tan pequeño) que había aparecido de la nada en el lateral izquierdo de mi cuello no era nada bueno, ¿pero, qué sabía yo? Tenía 25 años, toda la vida por delante, un novio al que quería con locura y con el que vivía desde hacía unos meses, un nuevo trabajo y una familia que me quería. ¿Qué podía salir mal?

Dos días después estaba sentada en la consulta de la hematóloga: “Tienes un linfoma de Hodgkin, de esclerosis nodular, tendrás que hacer entre 6 y 8 ciclos de quimioterapia ABVD y unas 15 sesiones de radioterapia, se te va a caer el pelo”. 

Ese día me había prometido no llorar, no allí, no delante de mis padres, de mi pareja y de la doctora, tenía que ser fuerte, ellos no se merecían verme sufrir... No hace falta que os diga que ese día no fui capaz de cumplir mi promesa. Solo me hicieron falta las palabras “se te va a caer el pelo” para que me derrumbara por completo y rompiera cualquier rastro de la coraza mental que creía tener. ¿Qué cosa más tonta, no? Derrumbarte porque te dicen que se te va a caer el pelo…

Necesité tres días, tres días de llorar mucho, de sacarlo todo, de desahogarme, de preguntarme ‘porqué a mí’ y, finalmente, llegué a una conclusión: amaba la vida y quería vivirla. Iba a luchar como una guerrera, este “bicho” a mí no me tumbaba. Es curioso pero, pese a toda esa angustia inicial, en ningún momento tuve miedo a los pinchazos que estaban por venir, ni a las náuseas, ni a los dolores, ni siquiera tenía miedo de morirme, porque yo no me iba a morir, tan sólo tenía miedo a sentirme y verme enferma, y a que todas las personas de mi alrededor que me querían me vieran sufrir.

Una vez superado ese primer bache me corté el pelo muy cortito, (una de las mejores decisiones de mi vida). De hecho, sigo llevándolo corto después de más de un año y, que queréis que os diga, me sentía guapísima con mi nuevo look. Adopté hábitos de vida saludables (con mucha, mucha ayuda), dejé el alcohol, los azúcares, los refinados y las carnes rojas, y me pasé a la verdura y fruta ecológica, a los zumos verdes, al pescado y a las carnes blancas.  Algunos dirán que fue casualidad, quizás tuve suerte, pero yo creo que gran parte de esa “suerte” fue por este cambio de “chip” en la alimentación. Por mi manera de enfocar los problemas, y por mi positivismo en esta batalla; creedme si os digo que los efectos secundarios que sufrí fueron mínimos y conservé hasta el último día casi todo el pelo (o pelazo, según se vea 😊).

Los meses pasaron muy rápido. Seguí trabajando, aunque con un ritmo más tranquilo, y seguí con todas las tareas cotidianas que tenía. Incluso cuando estaba más flojita, tuviera o no dolor, salía a pasear con mi perrito por la playa. Es curioso, nunca creí que tendría un perro tan pronto. La verdad es que mi novio llevaba meses insistiendo y, cuando empezó todo esto, me propuso ampliar nuestra familia para que no estuviera sola ningún día. 

Toda mi familia fue muy reticente, pero a posteriori se dieron cuenta de que la llegada de nuestro Capi fue otra de las mejores decisiones de mi vida. En él encontré un motivo por el que levantarme las mañanas de “flojera”, y un amigo incondicional.

Sin darme cuenta estábamos casi en Navidad, 22 de diciembre de 2017, día del sorteo de la Lotería de Navidad. Y mi última quimio, eso sí que era el Gordo. No me cabía la alegría en el pecho, besos, y muchos abrazos con todas las enfermeras, sin duda lo mejor del hospital.

Quiero que sepas que cada historia es distinta, y cada uno vivimos la enfermedad a nuestra manera. A mí, personalmente, me ha costado mucho poder plasmar en unas líneas todo lo vivido en esos meses sin derramar una lágrima. No es porque lo pasara mal, ni porque tenga un mal recuerdo, al revés, en realidad lo considero una experiencia positiva más que otra cosa, pero es complicado exteriorizar todo lo que se llega a vivir.

Creo que cuando la vida te da un golpe como este empiezas a relativizar qué es y qué no es importante, y qué valoras de tu vida. Ahora llega el momento de reflexionar, de valorar momentos que antes pasaban totalmente inadvertidos. Esos viernes por la noche de sofá, peli y manta con Albert y Capi, ese desayuno en la cama, esa mañana de compras o esas mini broncas con mi madre, esa comida con mi padre o con mi abuela, esos días en los que me toca hacer de tía, esa noche de Reyes de cena mexicana, esos skypes transoceánicos, ese café por la mañana en el trabajo, ese viaje a Milán con mi prima pequeña, ese fin de semana en Llívia, ese desayuno de domingo, esa cena con amigas o sencillamente ese madrugón para ver la salida del sol desde el mar un día cualquiera de verano.

Por último, no podía acabar esta pequeña historia sin agradecer a los que para mí fueron los grandes protagonistas.

Gracias Pili por ser desde el primer día mi “ángel de la guarda”. Gràcies Marta per ser la millor doctora que es podia tenir. Gracias a todo el equipo de enfermer@s por hacer que los pinchazos no duelan tanto y que las horas de tratamiento sean tan sólo un mero trámite, y en general gracias a todos y cada uno de los miembros del ICO- Badalona del Hospital de Can Ruti. ¡Sois totalmente excepcionales!

Gracias a toda mi familia, a ese pequeño grupo de amigos incondicionales y, sobretot, gràcies Albert per ser el meu pilar, el meu amic, i el meu company de vida.

Os animo a todos los que estéis leyendo esto, seáis pacientes, familiares o amigos a que nos os rindáis, la vida es muy bonita y hay que vivirla siempre con una sonrisa. ☺

Un abrazo,

Mariona.

Webpage updated 03/20/2019 11:51:58