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Alberto

Nunca imaginé que la primera canción que aprendí a tocar con la guitarra, "Por verte sonreír", de La Fuga, se convertiría casi 20 años después en el lema que mis amigos elegirían para animarme en la lucha contra la leucemia.

Me llamo Alberto, tengo 34 años y llevo luchando contra la leucemia desde septiembre de 2016. Meses antes, mi vida transcurría como la de cualquier persona de mi edad. Hasta la llegada del verano. Tuve anginas y la inflamación no se quitaba, tomaba antibióticos, mejoraba, pero al tiempo el dolor volvía. Tras las vacaciones, ya en el trabajo de nuevo, las anginas se complicaron con un dolor de muela verdaderamente brutal.

El 5 de septiembre de 2016, tras una baja laboral porque no podía ni comer, acudí al hospital en el que trabaja mi hermana para hacerme una analítica. Fue entonces cuando surgieron las primeras alarmas: hemoglobina, plaquetas y defensas por los suelos, en conclusión, una anemia muy fuerte. Dos días después, el 7 de septiembre, llegó el diagnóstico: "Alberto, tienes leucemia".

Cuando te dan la noticia, te invade el miedo. Y surgen las preguntas que nadie puede contestar: "¿Qué he hecho yo? ¿Por qué a mí? ¿Qué va a pasar con mi futuro?". Le di mil vueltas a la cabeza, aunque, tras la noticia, hay poco tiempo para reflexionar porque hay mucho trabajo por delante y es necesario arremangarse. No hay que perder la esperanza, hay que luchar cada día como si fuese el último y no dejar que la enfermedad ocupe tu mente. El estado de ánimo es una parte primordial para lograr la curación. Por eso uno de mis lemas es "Nunca dejes de creer".

El apoyo de la familia ha sido y es, por supuesto, fundamental. La familia, mi novia y los amigos reaccionaron como yo, con mucho miedo al principio. Pero ellos tienen mucha culpa de que yo esté así de bien, no me han dejado ni un minuto solo y siempre se lo agradeceré. Con ánimos, todo es más fácil.

Mis amigos del pueblo, Granja de Moreruela (Zamora), dónde nació y se crió mi madre, también estuvieron fantásticos. En el pueblo se celebran el tercer domingo de septiembre las fiestas del Cristo. Ese año yo iba a faltar por primera vez y mis amigos del pueblo idearon la manera de que participara en los festejos desde el Clínico San Carlos de Madrid donde permanecía ingresado para recibir un ciclo de quimioterapia. Me enviaron un vídeo, grabado en una de las bodegas del pueblo, en el que amigos y familiares interpretaban para mí la canción "Por verte sonreír", de La Fuga. Fue la primera canción que aprendí a tocar con la guitarra y la toqué en el pueblo las fiestas del año anterior, a altas horas de la madrugada.

El vídeo llegó en uno de los momentos más duros del proceso contra la leucemia. Lo vi justo cuando empecé a tener los dolores más fuertes debido a los efectos secundarios de la quimio. Pero fue tan emocionante que esos dolores fueron desapareciendo poco a poco. Tanto los amigos del pueblo como los de Madrid se han portado de maravilla y están siendo uno de los bastones en los que apoyarme en este camino; los otros son mi novia, Emma y la familia, que están ahí siempre que los necesitas, sin pedir nada a cambio. Son tesoros que tengo que conservar.

De todo este proceso, lo más duro ha sido el trasplante de médula ósea. Me metieron en una habitación de aislamiento, donde las visitas son más restringidas. Yo he tenido la gran suerte de que mi hermana Silvia fuese idéntica y pudiese donarme su médula pero la mayoría de los pacientes (3 de cada 4) necesitan recurrir a un donante anónimo localizado por la Fundación Josep Carreras ya que no disponen de donantes idóneos en su familia.

En el hospital, también he encontrado otra familia. Todos los empleados del Clínico San Carlos se han portado de forma fabulosa. Te hacen la estancia más amena.

Los golpes duros cambian la visión de la vida. Empiezas a valorar cosas simples que antes ni te parabas a pensar como un paseo por el parque, un viaje con tu novia, reuniones familiares, jugar con mis sobrinos o salir con los amigos. Y, por supuesto, comienzas a despreciar cosas que antes te enfadaban.

Animo a todo el mundo a ser donante de médula ósea. Solamente es un análisis de sangre, pero ese gesto puede salvar vidas. Saber que mi hermana y yo éramos compatibles fue un alivio; era saber que mi salvación había crecido conmigo. Fue un día de celebración. Pero no todos tienen esta suerte.

Página web actualizada 24/05/2018 11:00:26