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Homenaje a Balbina

"Mi madre tuvo mielofibrosis. Se lo detectaron a través de un análisis de sangre que exigió ella misma al medico de cabecera porque le dolían las piernas. Era una mujer muy fuerte, que incluso con 66 años y, dos días antes de detectarle la enfermedad, se subía a los árboles de mi terreno como Tarzán a coger las frutas.

Al principio nos dijeron que tenía leucemia pero que tenían que hacerle más pruebas. Estuvo dos semanas ingresada y le hicieron todo tipo de pruebas y una biopsia. Al final le detectaron la mielofibrosis y nos dijeron que teníamos que llamar a todos sus hermanos para haber si había alguno compatible para someterla a un trasplante de médula ósea.

paciente Balbina

Ana Isabel, junto a su madre, Balbina.

Hubo una hermana pero finalmente nos dijeron que no se lo podían hacer por la edad, ya que las probabilidades de que sobreviviera eran muy escasas. Nos dijeron que no había nada que hacer, que la dejarían con un tratamiento simplemente y a esperar. Al cabo de unos meses, le propusieron un medicamento que estaba en prueba y que lo podían pedir para mi madre en caso de que le subieran las plaquetas. Cuando hicieron la primera petición del medicamento se la rechazaron por ese problema. Al final poco a poco le fueron subiendo las plaquetas y estábamos a la espera de la siguiente respuesta para empezar el tratamiento cuanto antes. Poco a poco mi madre fue empeorando, empezó por cansancio, hemorragias, se le agrandó el bazo... y empezaron a hacerle transfusiones de sangre.

Empezaron por una transfusión, a los 3 meses le hicieron otra y poco a poco se convirtió en una cosa habitual. Seguíamos a la espera del supuesto medicamento que estaba pedido y nos dijeron que para marzo lo tenían. Llegó marzo y nada, así que pasaron los meses y le dijeron, de nuevo, en enero que se lo suministrarían. Llegó enero y nada, aunque había mejorado de plaquetas y era el momento ideal. Siguió desmejorando hasta llegar al punto de ponerle de 2 a 3 transfusiones de sangre en 1 semana, hasta llegar el límite en el que entró en leucemia aguda. Ahí fue cuando nos dijeron que ya no podían hacer nada, ni subministrarle el medicamento nuevo ni nada, así que tantas esperanzas infundidas para no llegar a nada. Sigo creyendo que no quisieron subministrárselo, pero bueno...

Al final duró un poco más de 1 mes. Poco a poco se fue apagando y conmigo la desesperación de no poder hacer nada. Mi madre lo supo todo desde el principio, sabía lo que tenía y que le daban de 2 a 3 años de vida, cosa que duró 1 año y medio por la incompetencia médica que hay hoy en día por la crisis. Hasta el último día supo todo y hasta el último día luchó con todas sus fuerzas y hoy le doy las gracias por haberme podido despedir de ella con un beso y agarrándome con todas sus fuerzas la muñeca. Esas últimas horas fueron increíblemente duras para mí, le prometí que no soltaría ni una lágrima y así lo hice, me contuve con todas mis fuerzas porque sabía que ella escuchaba todo aunque no me pudiera ver.

Hoy quiero dar ese mensaje y apoyo a todas esas personas que tienen esa enfermedad injusta y a los que no la tienen por si les pasara porque, aun así, siempre hay una esperanza o al menos intentar hacer feliz a esas personas como yo lo hice con mi madre. Mientras ella estaba ingresada en el hospital y yo estaba con ella las 24 horas del día, a sólo 4 habitaciones de mi madre, estaba ingresada la madre de una amiga mía, también con cáncer y se estaba muriendo. Mientras yo apoyaba a esa familia y les daba muchos ánimos yo me moría por dentro de rabia e impotencia. Tuve tantos nudos en mi garganta de aguantarme por no llorar que cuando salía de la habitación de la madre de mi amiga, soltaba unas lágrimas y en menos de 1 minuto me las secaba y me iba dirección a la habitación de mi madre y entraba con la sonrisa más grande del mundo, incluso le hacía bromas y cosquillas en los pies para que se riera.

paciente balbina y ana isabel

Ana Isabel, junto con Victor, un ex-paciente de leucemia, en la provincia de Tarragona, participando en una acción solidaria de la Fundación Josep Carreras.

Esta es la historia de mi madre conmigo, así que espero que le ayude a muchísima gente. De lo que más me puedo sentir orgullosa es de ayudar a todas las personas que pueda y que desde ahí arriba, mi madre lo está viendo y sé que estará orgullosa de mí".

Un abrazo,

Anaisabel

Página web actualizada 09/07/2019 16:37:24