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Lorena, ex-paciente de leucemia linfoblástica aguda

Paciente Lorena

Un diagnóstico como la leucemia es ya de por sí un impacto tremendo para toda una familia, pero que lo reciba una adolescente puede suponer un lío todavía más importante. Esto es lo que le ocurrió a Lorena cuando tenía 14 años.
Era verano y ella, como de costumbre, jugaba a tenis a diario. Se encontraba cansada, es cierto, pero no quería comentárselo a sus padres porque le dirían que era porque comía poco. Lentamente Lorena fue perdiendo peso y cansándose con más frecuencia. "Subía una escalera y me parecía que hubiese corrido una maratón", nos explica. "Y además tenía taquicardias".

Ese ritmo cardíaco acelerado fue precisamente el que desencadenó la alarma. Una noche de verano, Lorena estaba cenando junto a toda su familia. En ese momento, le dio una taquicardia y su hermano mayor que en ese momento estudiaba Farmacia, le tomó el pulso. Asustados, decidieron que al día siguiente la llevarían al médico. Éste, al verla tan pálida, supuso que tendría anemia, pero los resultados del análisis de sangre, auguraban un destino bien distinto. La familia de Lorena esperaba los resultados de la analítica en 15 días, pero esa misma tarde, les llamaban anunciando que Lorena tenía que ingresar inmediatamente en el hospital. Tras una punción lumbar, no hubo dudas sobre el diagnóstico: "Leucemia Linfoblástica Aguda".

Lorena recuerda que ni los médicos ni sus padres le escondieron nada. "Directamente me hablaron de cáncer, de que era una enfermedad mortal",- nos explica.- "Yo viví todo esto como en una película, nada me pareció muy chocante hasta que me dijeron que con el tratamiento perdería el pelo. Ahí me hundí completamente".

Y es que la reacción de una niña de 14 años ante tales noticias, puede ser un tanto caótica. En aquellos momentos, el plan de Lorena era no perder el curso escolar, ni a sus amigos: "Recuerdo que vino una chica de mi edad que había tenido leucemia a hablar conmigo al hospital. Me dijo que en esa situación me daría cuenta de quiénes eran mis amigos y quiénes no. Ahí decidí que no se lo diría a nadie. No quería sorpresas de última hora", recuerda Lorena. Su decisión no se pudo cumplir ya que se lo acabó contando a sus amistades y todo fue sobre ruedas. "Después pensé que tenía que dar las gracias porque la leucemia me pillara en verano. Así podría retomar el curso de manera más o menos normal. Constantemente pensaba, Porqué yo? Porqué me ha tocado a mi? Qué he hecho para merecer esto? Pero después miraba a mi alrededor y veía bebés de 3 meses que estaban igual que yo y pensaba: ellos todavía tienen menos culpa que yo!!!"- nos cuenta Lorena.

Después de todo, en esos duros meses de hospital, Lorena no sólo descubrió cosas malas sino también su vocación: cuidar de los enfermos. Por eso ahora, a sus 26 años, es enfermera en el mismo hospital en el que superó la leucemia, el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. "Me hace gracia encontrarme al Dr. Estella por los pasillos... Él y la Dra. Ribes fueron los que me curaron... y ahora son compañeros de trabajo!",- explica divertida.

De todas maneras, Lorena fue tajante cuando entró a trabajar en el hospital: "si puede ser, prefiero no estar en oncología -dijo- No es por los pacientes, , es porque veo a las madres de esos niños y me acuerdo de como sufrió la mía. Yo estaba irascible, en plena edad del pavo y ella se quedaba a dormir conmigo para levantarse a las cinco de la mañana e irse a currar", comenta emocionada.

Cuando le preguntamos por sus planes de futuro, lo tiene clarísimo: "continuar teniendo un trabajo estable, formar una familia y disfrutar de mi familia, novio y sobrinos".

Le pedimos que piense en qué le diría a un paciente que ahora esté pasando por lo mismo. Reflexiona y nos dice: "Que tenga ganas de mirar al futuro, que la leucemia es un bache, una mala época, pero que tarde o temprano se pasa y hay que afrontarlo de la manera más positiva posible. También hay que cuidar a los que están a nuestro lado".

Y es que no debió ser fácil puesto que el cáncer es una enfermedad demasiado grande para un niño, aunque ellos son muy fuertes.

Una vez nos hicieron una comparación que nos encantó: "los niños con leucemia son como las hormigas, capaces de soportar 50 veces su propio peso".

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Página web actualizada 26/08/2019 04:06:25