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Mari Carmen

Me llamo Mari Carmen y tengo 50 años. El 10 de agosto de 2014 fui ingresada por primera vez, en el Hospital de Alicante, debido a una fuerte anemia. Después de 20 días de ingreso y de realizarme todas las pruebas habidas y por haber me diagnosticaron que sufría una aplasia roja por infección de Parvovirus B19, dándome el alta con los tratamientos pertinentes. Estos tratamientos no fueron efectivos y tuve que estar con transfusiones frecuentes ya que era imposible evitar la pérdida de hemoglobina.

Esto me llevó a ingresar dos veces más, la primera en noviembre con una fuerte trombosis que me afectó a la visión, de la que me recuperé; y la segunda a final de año con una pérdida alarmante de plaquetas. Con los tratamientos que me dieron en este segundo ingreso consiguieron que la médula recuperase parte de la producción unos buenos meses. En mayo de 2015 tuvieron que volver a las transfusiones para recuperar niveles de hemoglobina que me permitiesen moverme con una cierta comodidad. Las analíticas eran constantes y no mostraban ningún tipo de problema, pero este debía de existir, ya que el tiempo en que necesitaba estas transfusiones cada vez era menor; pasé a necesitar una por quincena.

Así llegué al 26 de noviembre de 2015, donde tras unas analíticas y una punción medular, me diagnosticaron inmediatamente leucemia mieloide aguda M40 en el Hospital de Alicante. Me ingresaron al día siguiente y me dieron dos tratamientos de quimioterapia consecutivos, sin efecto alguno.

A finales de enero de 2016 me dieron el alta en el Hospital de Alicante y me enviaron al Hospital La Fe de Valencia, poniéndome en contacto con el Dr. Montesinos con el objetivo de entrar en algún ensayo clínico que permitiese revertir la enfermedad. La noticia fue que no había ensayos clínicos, pero al tener un donante se podía practicar un Trasplante de Progenitores Hematopoyéticos Secuencial. Durante estos dos meses realizaron las pruebas de compatibilidad a mis hermanos recibiendo la gran noticia de que dos son compatibles y, concretamente, el mayor es idéntico.

Tras unas visitas y pruebas en La Fe, me ingresaron el 24 de febrero de 2016 y el 7 de marzo, tras recibir dos tandas de quimioterapia consecutivas, me realizaron el Trasplante Alogénico de Progenitores Hematopoyéticos Secuencial, dándome el alta hospitalaria el 22 de marzo. Al coincidir con Semana Santa pude ir a casa y estar con los míos, en San Vicente del Raspeig. Desde entonces, sólo he tenido que ir a las consultas, permaneciendo siempre en mi casa.

El tratamiento actual supongo que está siendo el normal en estos casos y no he tenido que ingresar después de haber recibido el trasplante. Solo he tenido un pequeño problema de EICH cutáneo y oral, por lo demás me encuentro fenomenal. Antes del trasplante recibí numerosas trasfusiones, a veces dos o tres mensuales; después del trasplante no he necesitado recibir ninguna.

Quiero recordar y dedicar mi más sincero agradecimiento a todo el personal sanitario y de mantenimiento de los hospitales que me atendieron, el General Universitario de Alicante y La Fe de Valencia. A todos aquellos que me cuidaron y velaron por mi bienestar y recuperación desde los excelentes profesionales sanitarios, médicos, enfermeras, auxiliares… hasta las encantadoras chicas que mantenían mi habitación impecable.

A esa familia tan maravillosa que la vida me ha dado la oportunidad de compartir.

A mis amigos, por estar siempre ahí.

A mi gran equipo: Antonio, mi compañero, en lo bueno y en lo malo; a Alba y Laura, mis “niñas”, y a Alberto, por estar siempre pendientes de mí.

Y a quien me ha dado la oportunidad de seguir luchando, mi hermano Tonín, gracias por ese regalo tan maravilloso compartiendo tu medula.

Mis libros de cocina y mi música llenaron buena parte de mis estancias hospitalarias. Actualmente me encuentro extraordinariamente feliz. Físicamente siento que he rejuvenecido 20 años y psicológicamente me siento afortunada. He descubierto muchos sentimientos, emociones, miedos que no sabía que vivían conmigo. Creo que esta vivencia me ha hecho crecer humana y emocionalmente.

Quiero transmitir con este testimonio y con estas palabras a todo aquel que lo lea y sienta que el mundo se paraliza cuando te dan el diagnóstico, que todos tenemos una gran fuerza interior capaz de evitar esa paralización, que está ahí, y sólo tenemos que dejarla aflorar.

Como dice Isabel Allende: “Todos llevamos una fuerza insospechada en nuestro interior, que emerge cuando la vida nos pone a prueba”.

Página web actualizada 30/06/2020 14:05:36