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María

Hola, me llamo María y hace 3 años y 7 meses, el 21 de agosto de 2014, me diagnosticaron leucemia promielocítica aguda.

Todo empezó unas semanas antes cuando, después de llevar dos semanas con placas en la garganta y fiebre, le comenté al médico que me veía pequeños moretones por el cuerpo, aparentemente sin ninguna causa. También había perdido peso y estaba muy cansada, pero a eso no le di demasiada importancia, me di cuenta tiempo después. El médico solicitó que me hicieran una analítica al día siguiente en el centro de salud. Pasados un par de días me llamó y me dijo: “María, la analítica no está bien, tienes que ir a urgencias a que te vea un hematólogo”.

Esa misma tarde fui a urgencias con mi madre y mi pareja y después de esperar, un hematólogo me exploró y me mandó hacer una analítica de VIH y toxoplasmosis. Unos días después fui a recoger los resultados al Hospital de San Juan de Alicante, todo daba negativo y me dijeron: “Te vamos a pinchar en el esternón para hacerte otra prueba, molesta un poco, pero estate tranquila”.

Ese fue uno de los peores momentos, tras hacerme la prueba ya empecé a pensar que algo no funcionaba bien, sabía lo que implicaba, más o menos, una extracción de médula ósea gracias a mi voluntariado con ASPANION (Asociación de Padres de Niños con Cáncer de la Comunidad Valenciana).
Unas horas después estaba ingresada, y esa misma tarde comencé el tratamiento con ATRA (Ácido Transretinoico) y quimioterapia intravenosa.

Tengo que decir que en un primer momento me vine abajo, pero las palabras de los médicos, que me dijeron que era de las leucemias más curables actualmente, me hizo olvidarme de todo lo negativo y, sobre todo, me dio fuerzas para ayudar a mi familia a llevarlo mejor, ya que, si a mí me veían bien, ellos estarían bien.

Pronto empezaron las ronchas, un efecto secundario que las enfermeras paliaban con antihistamínicos. Durante varios días seguí así, hasta que las ronchas empezaron a no aparecer y dejaron de administrarme antihistamínicos. Llegó el día de mi 19 cumpleaños y me dejaron salir por primera vez de la habitación para dar un paseo, pero con una súper mascarilla, y además me dejaron soplar las velas con mi familia.

Pocos días después empezó a subirme fiebre, tenía temblores, dolores en las piernas y lo que finalmente derivó en el Síndrome del ATRA o Síndrome de Diferenciación, el efecto secundario menos frecuente pero más peligroso y que, aunque lo intentaron frenar, no pudieron. Tras muchas horas de lucha, una intensivista consiguió entubarme y estabilizarme. Lo consiguió porque no perdió la esperanza y decidió luchar por mí costase lo que costase. Después de pasar cuatro días en la UCI, me desperté. Hinchadísima por toda la medicación que me habían estado poniendo, pero VIVA, y empecé a respirar por mí misma, con ayuda de una mascarilla. Tres días después volví a la planta de Hematología, mi cuerpo había vuelto a reaccionar gracias a todo lo que me habían hecho en la UCI (gracias a los que vinisteis a verme y a los que estuvisteis detrás de las puertas de la UCI o desde casa dando fuerzas).

Ese 26 de septiembre, fue el mejor y el peor de los días que estuve ingresada. Volví a nacer y también asumí que debía raparme, aunque a los que me leáis, tranquilos, es por lo que menos tenéis que preocuparos y eso lo sé ahora (gracias Sara y Tata por hacer de ese momento una tarde divertida). El día 6 de octubre me dieron el alta, después de 46 días ingresada. Por fin pude, aunque con mucha ayuda, salir del hospital andando para ir a casa, y lo más importante: la remisión era completa después de todo lo sufrido.

Los siguientes meses los recuerdo bien: volví a andar como antes, volví a tomar ATRA junto con sesiones de quimioterapia ambulatorias y conseguí no volver a estar ingresada en el hospital. Solo me dieron problemas las plaquetas, que con transfusiones se fueron solucionando. He de decir que, a día de hoy, ¡por fin vuelvo a tener un recuento de plaquetas normal, he superado las tres fases del tratamiento y me han hecho mi última punción! HE SOBREVIVIDO AL MONSTRUO.

3 años y 7 meses después, con caídas de pelo, kilos de más y de menos, petequias y moretones entre otras muchas cosas, solo puedo agradecer cosas a esta etapa de mi vida. Gracias por luchar por mí y conmigo a todos los profesionales del Hospital General Universitario de Alicante, a mi familia, a ti mamá por aguantarme durante casi todos esos días en el hospital, a mis amigos, a ti Raúl y a toda tu familia, gracias a toda la gente que he conocido por mi año sabático y GRACIAS VIDA POR DEJARME SEGUIR VIVIÉNDOTE Y DISFRUTÁNDOTE.

Página web actualizada 24/05/2018 11:00:26