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Michelle

Celine tenía muchas ganas de que llegara esta Semana Santa. Lo que le hacía más ilusión era poder, por fin, volver a pintar huevos de pascua con su hermana pequeña, Michelle, y buscar juntas los huevos de chocolate en el jardín. ¡Poder por fin volver a ser una familia normal!

Para la familia de Celine y Michelle los últimos dos años han sido angustiosos: dos años de espera, de miedos y de esperanza, dos años que han cambiado la vida de la familia por completo.

Celine tenía nueve años cuando su hermana Michelle, dos años menor, enfermó de leucemia.


Michelle with sister
A la izquierda, Michelle, ex-paciente de leucemia y, a la derecha, Celine, su hermana. Ambas viven en Alemania y la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia de este país les ha ayudado.

Después de este diagnóstico, la familia se derrumbó. Sus padres recuerdan muy bien el momento en que recibieron el duro diagnóstico de su hija pequeña: "Leucemia. Fue un golpe terrible para nosotros. Nos preguntábamos tantas cosas: ¿qué significa exactamente tener leucemia?, ¿qué va a pasar? Y sobre todo: ¿va a morir nuestra hija Michelle?".

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Michelle, en 2008, antes de caer enferma.

Después todo pasó muy deprisa. El tratamiento empezó de inmediato. Al principio parecía que la quimioterapia estaba funcionando bien, lo que supuso un alivio para todos. Pero entonces la familia recibió un nuevo golpe: un análisis sentenciaba que Michelle tenía una forma complicada y muy poco frecuente de leucemia. Un trasplante de médula ósea no emparentado era lo único que podía salvarle la vida a la pequeña.

En ese momento empezó la búsqueda de un donante a nivel mundial. Medio año después llegó el momento esperado y Michelle recibió las células del donante en la Clínica Universitaria de Franckfurt.

Para ella, su hermana Celine y sus padres, estos fueron los peores días de sus vidas. "Los días y semanas posteriores al trasplante fueron espantosos para todos nosotros. Michelle se encontraba muy mal y teníamos mucho miedo por ella. Pero la que peor lo pasó fue su hermana Celine", comentan sus padres. Como el cuerpecito de Michelle quedó extremadamente débil tras el trasplante y la más mínima infección podía ser mortal, Celine no podía ir a ver a su hermana pequeña al hospital. "Celine siempre preguntaba cuándo podría volver a casa Michelle. Le dolió muchísimo no poder estar con su hermana en un momento tan difícil para ella. Hablaban mucho por teléfono y esto le dio muchas fuerzas a Michelle."

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Michelle en 2009. Tocar la guitarra la ayudaba a olvidarse un poco de la enfermedad.

Pero no sólo su hermana mayor echaba de menos a Michelle. También sus compañeros de clase y sus amigos del grupo de danza con el que la pequeña disfrutaba tanto antes de ponerse enferma estuvieron a su lado. Con sus cartas y dibujos le recordaban: "¡estamos contigo!".

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Las cartas de sus compañeros de clase le daban a Michelle fuerza y ánimos para el momento más duro de su vida.

Hoy, un año y medio después del trasplante de médula ósea, Michelle se encuentra bien. Ha vuelto al colegio y a su querida escuela de danza. Y su hermana mayor Celine también está encantada. "Por fin Michelle ha vuelto a casa. Por fin podemos volver a ser una familia normal", explica contenta.

Doctor

Testimonio del Prof. Peter Bader, Director del Centro de trasplantes de células madre del Centro de pediatría de la Clínica Universitaria de Franckfurt:

"La pequeña Michelle es uno de los 50 niños y niñas que cada año tienen que enfrentarse a un trasplante de médula ósea en la Clínica Universitaria de Franckfurt (Alemania). Para ellos, el trasplante es la última oportunidad para superar la leucemia. El tratamiento es extremadamente duro para estos pequeños pacientes, que sufren no sólo numerosos efectos secundarios físicos, sino también un considerable desgaste anímico.

Con el apoyo de la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia en Alemania estamos trabajando con mi equipo en una terapia basada en el deporte y el movimiento para niños enfermos de leucemia durante y después del trasplante. Con este programa, realizan sencillos ejercicios diarios de resistencia, fuerza y coordinación durante las semanas de su larga estancia en el hospital. Una vez reciben el alta, continuamos con la terapia deportiva en el tratamiento ambulatorio posterior. Los primeros resultados del estudio muestran que el deporte y el movimiento en los pacientes no sólo mejoran la calidad de vida, sino que incluso pueden llegar a paliar los efectos secundarios del trasplante de médula.

Especialmente en niños como Michelle, gran aficionada a la danza, una terapia de este tipo es decisiva a la hora de ayudarles a superar mejor los duros días en el hospital durante y tras el trasplante. Poder ver hoy a Michelle bailando y riendo es, para sus padres pero también para mí como médico, un regalo excepcional".

Prof. Dr. med. Peter Bader

Conoce mejor las actividades de la Fundación Josep Carreras en Alemania (en alemán)

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Página web actualizada 17/06/2019 09:31:59