Utilizamos cookies para poder estudiar y mejorar la experiencia de usuario de los visitantes de la web. Si continuas navegando por la web entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Roberto

Mi amor era una persona llena de una gran luz, alegre, bueno, cariñoso, nunca se enfadaba, optimista, energético, lleno de mucha vida, amor y felicidad. Repartía entre todos sus seres queridos y amigos, era muy afectivo, positivo, siempre estaba dando abrazos llenos de mucho amor, divertido, simpático, siempre tenía una preciosa sonrisa en su cara. Tenía una mirada llena de amor y luz, era amigo de sus amigos, bromista, con un gran corazón que no le cabía en el pecho, altruista.

Le encantaban los animales, de hecho, tenemos dos perros, Boby y Thor, y a uno de ellos lo han tenido que tratar de ansiedad por su partida. A día de hoy, todavía lo siguen esperando al igual que yo. Culto, inteligente, amoroso, transmitía luz allá por donde iba, hacía amigos allá donde iba, trabajador.

Amaba la vida por encima de todas las cosas y vivía el momento con una gran intensidad, la vida vista a través de sus ojos era toda llena de luz, vida, mucho color y felicidad.

Me he decidido a contar su historia ya que sé que a él le gustaría que, a través de ella, pueda ayudar y dar fuerzas para aquellos que lo necesiten. Él no está conmigo, pero hemos tenido un amor tan grande con tanta felicidad que todavía estoy llena de todo ello.

Le detectaron la enfermedad el 9 de septiembre del 2017. Un linfoma folicular. Nos indicaron que procedían a realizarle un tratamiento de primera línea de quimioterapia R-CHOP. Inicialmente eran 6 sesiones y, finalmente, le realizaron 8 sesiones ya que la enfermedad no daba respuesta al tratamiento. Una vez estuviera “limpio”, deberían de realizar un trasplante de médula ósea. Acabó las 8 sesiones y la enfermedad no había remitido si no que se había transformado en un linfoma mucho más agresivo: un linfoma B difuso de células grandes.

Nos derivaron al Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona para hacer un tratamiento de segunda línea llamado R-ESHAP, el cual se lo hacían ingresado. Hago un inciso para explicar que varios enfermos venían a nuestra habitación para hablar, compartir y reír con mi Roberto, ya que ellos decían que les llenaba de energía y positivismo. A pesar de que Roberto lo estaba pasando fatal con los efectos de este segundo tratamiento, él sacaba fuerzas para sus compañeros y para mí también.

El equipo que lo cuidaba también venía muchas veces. Era admirable el buen humor y felicidad que transmitía. Al acabar la segunda línea de tratamiento se le realizó un Pet Tac en el cual nos indicaron que la enfermedad seguía en curso y se había hecho inmune a cualquier tratamiento, indicándonos un 23 de julio que le quedaba un año de vida.

Ese fue el segundo peor día de mi vida... pero para mi Roberto eso no fue nada: se acercó a la doctora y le susurró: te voy a demostrar que yo puedo con esto. Y me consolaba a mí en vez de yo a él, dándome besos y abrazos y diciéndome que él no me iba a dejar sola. Nos dijeron que, como último recurso, teníamos que meternos, en caso de que cumpliera unos requisitos, en un ensayo clínico en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Él lo aceptó muy feliz y agradeciendo esa oportunidad. “Yo lo voy a probar y, si esto no me va bien a mí, que le vaya bien a otro”, dijo. Siempre pensando en los demás.

El ensayo consistía en 17 infusiones y empezaron el 6 de agosto del 2018. Al llevar 7 infusiones nos indicaron que la enfermedad había remitido y ya podía pasar a realizarse el trasplante de médula ósea. Nuestra felicidad era máxima. El trasplante se lo realizarían en el Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona. Le hicieron la prueba de compatibilidad a los hermanos y a su madre y, por desgracia, nadie era compatible con él. la Fundación Josep Carreras puso en marcha una búsqueda internacional de donante anónimo y, gracias a Dios, apareció un donante con un 95% de compatibilidad. El 21 de febrero le realizaron el trasplante. Roberto lloraba como un niño pequeño de tanta felicidad, al igual que yo. Teníamos tanta fe en que le acabaría de curar la enfermedad y podríamos seguir con nuestra historia de amor...

Los días posteriores al trasplante no hubo ninguna complicación, solo unas décimas de fiebre y unas llaguitas. Los médicos nos dijeron que la médula había cogido y que estaba yendo todo bien. Nuestra alegría fue máxima. El día 8 de marzo nos fuimos para casa y allí Roberto empezó a sentirse muy mal: vómitos, fiebre, diarreas... Nos fuimos de urgencias al hospital y allí nos dieron la peor noticia que nos podían dar, la médula había hecho un rechazo en el intestino y en la piel.

Volvieron a ingresarlo y, a pesar de todo, él seguía con su gran sonrisa y positivismo. Le empezaron a administrar tratamiento para el rechazo pero la cosa cada día iba empeorando. Ya por último tuvo un rechazo en el hígado y nos ofrecieron realizarle un tratamiento de fotoaféresis. Esto nos dio una gran esperanza y creímos plenamente que eso le salvaría, pero por desgracia ya era muy tarde y finalmente su partida fue por un fallo hepático.

Roberto estuvo optimista, positivo en todo momento y creo que se fue sin saber que se iba, acompañado por todos los que le queríamos y dándole todo nuestro amor.

Quiero agradecer enormemente a todo el equipo del Hospital Germans Trias i Pujol por todos los cuidados, cariño y risas que nos dieron durante todo el proceso y a todas las personas que estuvieron a nuestro lado incondicionalmente dándonos ese gran apoyo, fuerza y cariño.

Muchas gracias.

Erika

Página web actualizada 11/10/2019 13:34:18