Utilizamos cookies para poder estudiar y mejorar la experiencia de usuario de los visitantes de la web. Si continuas navegando por la web entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Rosi

¡Hola!

Mi nombre es Rosángela Valdés, aunque desde siempre quise que me llamaran Rosi. En 2009 fui diagnosticada de Leucemia Linfoblástica Aguda, un cáncer que era muy difícil de curar debido a mi edad. En aquel entonces tenía 12 años y ese tipo de cáncer era más usual que lo padecieran niños más pequeños.

Ahora entro en detalles... Todo empezó con un dolor muy fuerte en la espalda, que con el tiempo se irradió hacia la pierna derecha. Le echábamos la culpa a las malas posturas y mi madre me decía que no era para tanto, que me estaba quejando para no ir a clase. Pero, en octubre de ese mismo año, fui a hacerme unos análisis. Mi pediatra de aquel entonces estaba de vacaciones y me atendió otro médico que me dijo que los resultados eran normales, que no había nada raro y que podía esperar a que regresara mi doctor para que valorara él las pruebas directamente. 

Esperé aproximadamente 15 días y cuando mi médico regresó me dio una mala noticia: en las analíticas aparecía una pancitopenia. Yo no tenía ni idea de qué significaba esa palabra tan extraña. Me mandaron directamente al hematólogo de Santiago de Compostela, allí me hicieron algunas pruebas más específicas y me confirmaron que había algo en la médula ósea que no funcionaba bien… me ingresaron.  

A la mañana siguiente me hicieron una biopsia, el médico vino a mi habitación y me dijo: “Rosi, tienes leucemia. Si tienes alguna pregunta no dudes en hacerla ahora”. La ÚNICA pregunta que le formulé fue: “¿Me voy a morir?”. Me dijeron que no tenían respuesta, que no podían predecir qué pasaría a largo plazo, que se iría viendo con el transcurso de los días. 

Ese mismo día empecé la quimio por vía venosa, no podían esperar ni un minuto más ya que la leucemia infiltraba más del 90% de la médula ósea. Así pasé dos intensos años, en los que estuve más tiempo en el hospital que en mi casa. Fue una época muy dura… en la que padecí muchas infecciones, en una de ellas estuve a punto de morir, pero salí adelante. Mis médicos y enfermeras del área de oncología pediátrica siempre me decían que, por muy mal que me encontrara, siempre tenía una sonrisa y que eso era muy importante para la curación. Y es así, no nos podemos dar por vencidos porque es ahí donde ‘el cangrejo’, como le llamo yo, nos vencerá.

Ahora ya llevo 7 años sin quimioterapia y con una salud buena, dentro de lo que cabe. Me quedaron algunas secuelas, pero nada comparado con todo lo que pasé durante ese tiempo.

Por eso, para finalizar, quiero decir unas palabras a todas aquellas personas que están sufriendo la misma enfermedad: ¡NUNCA OS DEIS POR VENCIDOS! De esto se sale con optimismo, fuerza y lucha. Siempre hay una luz al final del túnel. 

 

Esto va por ti Alejandra, David, Diego... y a todos esos amigos que se quedaron en el camino. Os quiero.

Rosi

 

Página web actualizada 11/04/2019 13:16:10