Utilizamos cookies para poder estudiar y mejorar la experiencia de usuario de los visitantes de la web. Si continuas navegando por la web entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Silvia

Mi nombre es Silvia, tengo 27 años y el 28 de diciembre de 2017 me diagnosticaron un Linfoma de Hodgkin tipo esclerosis nodular en estadio IIA. 

No me encontraba bien. Comencé notando algo "raro" en el esófago que no sabía identificar y me impedía tragar correctamente, a lo que después se sumó un fuerte dolor de espalda y presión en el pecho. Soy odontóloga y, aunque en ese momento llevaba unas semanas sin trabajo, no me planteé que ese dolor de espalda fuera provocado por otra cosa que no tuviera que ver con la profesión. Estaba muy cansada, me encontraba extremadamente cansada al finalizar el día. Un día me palpé un ganglio por encima de la clavícula derecha que no me dolía ni me molestaba. 

Un día tuve una fuerte presión en el pecho, acudí a urgencias y me dijeron que era una situación provocada por mi nerviosismo por no encontrar trabajo, comenté también esa sensación extraña en el esófago y no me supieron dar respuesta. Acudí al médico de cabecera y no veían nada raro... Podría ser algo derivado del tiroides. El ganglio parecía ser un ganglio inflamado sin más. Me envían a hacer una analítica, una ecografía y una placa de tórax. 

No me llegaron a dar esos resultados. Seguía igual, acudí de nuevo a urgencias, me hicieron una placa de tórax en el momento y me dijeron que parecía que se estaba formando algo pero que tenía que hacerme el seguimiento mi médico de cabecera. 

Entonces, un médico conocido, al que me faltan palabras para agradecer todo lo que hizo por mí, me dijo que le pasara a ver por su consulta. Fue aquel 28 de diciembre.

Me exploró, me pidió que le contara detalladamente lo que me pasaba. "Aquí tienes un ganglio inflamado, aquí otro, aquí otro, aquí otro...El dolor de espalda es un reflejo", decía. Directamente me envió a hacer un TAC con contraste de urgencia.

Y me lo comunicó. "Silvia, tienes una masa que te está oprimiendo el pecho". No entendía nada, "pero, ¿qué es esa masa?" decía yo.

"Probablemente un linfoma". En ese instante, la vida se para.

Silvia, durante la primera sesión de quimioterapia

Mi madre estaba en la consulta acompañándome, me agarró de la mano y no podíamos parar de llorar. Ella padeció cáncer de mama con 47 años. 

No me lo podía creer, no podía creer que me estuviera pasando eso a mí. Siempre pensamos que sólo le pasan las cosas malas a los demás, pues no, alguna vez nos toca a nosotros mismos.

Lo primero que dije en ese momento fue "Doctor por favor, me caso el año que viene". A lo que él me contestó: "y te vas a casar".

Me hicieron una biopsia de la que me dieron el diagnóstico definitivo. No era agresivo, tenía una masa muy grande pero solo tenía afectados ganglios en la zona supraclavicular, a ambos lados. Me hicieron un PET-TAC. No estaba extendido: buenas noticias.

Estuve triste el día de la noticia, no sabía cómo decírselo a mi pareja, a mi padre, a mi hermana, al resto de mi familia, a mis amigos...  Pero tenía que afrontar la situación. Tengo un un linfoma ¿y?. ¿Voy a solucionar algo por estar triste, por no salir de casa, por estar pensando todo el día en qué va a ser de mí, cuál va a ser mi futuro…?

Decidí aceptarlo, aceptar que estaba enferma, que me tenía que poner un tratamiento duro y que iba a ser un camino largo. 

Decidí convencerme de que era fuerte, que el linfoma no iba a poder conmigo, y que, junto a las personas que me quieren, iba a poder superar poco a poco todos los obstáculos que se me pusieran en el medio del camino. 

Con su sobrino, que nació el 5 de agosto

Y aquí estoy. 

He recibido 4 ciclos de quimio ABVD que comencé el 19 de enero de este año. He de decir que, a mí, con este tratamiento no se me cayó el pelo por completo, aquí os pongo una foto de mi última sesión de quimio. Bajadas de defensas, inyecciones, malestar, ganas de vomitar, sacar fuerzas de donde hubiese para salir a dar un paseo, comer poco... Así eran mis días post-quimio. Terminé la quimio el 27 de abril y me dejaron descansar el mes de mayo y el 4 de junio me hicieron un Pet-TAC para ver el efecto que había hecho la quimioterapia, si teníamos que poner más o pasábamos a la radioterapia. Mi boda era el 23 de junio, decidimos seguir adelante, pasara lo que pasara, llevábamos más de un año organizándolo, era nuestra ilusión y corrimos el riesgo. 

El día 5 de junio me comunicaron por teléfono que podía empezar la radioterapia al día siguiente. No sabía nada del resultado del PET pero eso ya eran buenas noticias! Me acerqué al hospital y me comunicaron que estaba en ¡¡¡¡¡remisión completa!!!!! No me lo podía creer, por el tamaño de mi masa era muy probable que aún quedara algo después de la quimio, pero no, no tenía restos de enfermedad. 

El día 6 de junio comencé la radioterapia, 20 sesiones que terminé el 3 de julio. 

Silvia, con la perra de su hermana. Jugar con ella la ayudó mucho durante el tratamiento y su recuperación.

Así que, con la radioterapia de por medio y con úlceras esofágicas, el día 23 de junio me puse mi vestido, mis extensiones, mis diademas para tapar la falta de pelo y me pude casar como yo siempre quise, olvidándome de todo aunque fuera por un día. ¡Qué felicidad, cuanta emoción, y que suerte haberme podido casar con el hombre de mi vida! Tanto él como toda mi familia y mis amigos me demostraron lo mucho que me quieren, que están ahí en lo bueno y en lo malo y, aunque hubo momentos muy duros, no me faltó un apoyo, nunca me encontré sola, no me faltaron mensajes de cada uno de ellos, llamadas, visitas. De verdad, no sé cómo agradecer tanto cariño.

Ahora mismo estoy en periodo de revisiones. Me encuentro muy bien, he comenzado a trabajar en septiembre y soy muy feliz. 

De este año me quedo solamente con los momentos bonitos, que fueron muchísimos.

Un saludo a todos, mucho ánimo a los luchadores y a sus familias.

Un fuerte abrazo y ánimo a todos,

Silvia

El día de su boda

Página web actualizada 27/11/2018 11:00:43