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Toni

Toni paciente 3

Mi nombre es Toni, tengo ahora 38 años, y se me diagnosticó Leucemia Promielocítica Aguda el 4 de mayo de 2007.

Justo una semana antes tuve el primer signo de que algo no iba bien: un pequeño sangrado por la nariz. No le di demasiada importancia en el momento inicial, pero sólo dos días después, al unírsele otro pequeño sangrado en las encías, sí me preocupé. Fui a urgencias y me aconsejaron hacer enjuagues bucales y ponerme un tapón en la nariz... tal como suena. En los días siguientes me salieron multitud de hematomas en brazos y piernas, a cada cual más oscuro, y entonces ya no había ninguna duda de que algo no funcionaba en mi cuerpo.

Ese 4 de mayo, viernes, se me habló claro, justo lo que yo quería. Cáncer es una palabra que da miedo, antes y ahora; en mi caso, Leucemia me parecía mas grave si cabe. Del shock inicial, en todo el día fui incapaz de pronunciar la palabra Leucemia, era como si mi mente no me permitiese repetirla. Ese día fue caótico, lo que empezó como un día que yo esperaba fuese normal (la idea inicial era ir a urgencias y luego ir a trabajar) se trasformó en una vorágine de información, datos, pruebas, pinchazos, médicos, miedos... y quimioterapia. Un halo de nostalgia envuelve todos estos recuerdos, como si, pese a la gravedad del tema, fuese un recuerdo positivo. De hecho, así tiene que ser, si estoy contándolo 5 años después.

Con 33 años, casado, con una hija de tres años y una chiquitina de uno, con un trabajo que nos permitía tener una vida más o menos cómoda y tranquila, la enfermedad cambió mi vida 180 grados. Estuve un mes en una habitación de aislamiento, sin poder tocar, besar, abrazar a mis hijas... recuerdo que, si por algo quería seguir viviendo, era por verlas crecer, para que no se quedaran sin padre tan pequeñas. En ese momento, la idea de dejar huérfanas a mis hijas, el hecho de que con el paso del tiempo llegaran a no recordar quién fue y cómo se comportó su padre, me dolía mucho mas que la propia enfermedad o el hecho de que era mi vida la que estaba en juego.

Las veía en el césped del hospital, a través de la ventana, y las veía jugar, reír, correr, ajenas a la situación tan complicada que vivía toda la familia. Yo las veía, pero ellas no me veían a mí. La distancia (4ª planta) y los cristales tintados, hacían de crueles elementos en nuestra contra. Con el paso de los días, el ingenio ayudó a superar la adversidad, pedí una linterna y desde dentro de la habitación hacía señales luminosas con ella. Mientras hablábamos por teléfono, mi hija mayor, Paula, me decía "si, papá, veo la luz, si que la veo".

Tras ese mes inicial, el más duro, volví a casa con unas medidas de protección extremas: mascarilla, gorro, guantes y camisón eran compañeros de vestuario de forma permanente. Para minimizar el impacto que suponía para mis hijas el hecho de convivir con un padre vestido a todas horas de enfermo, jugábamos a médicos, yo, el Dr. García, atendía a sus hijas y a las muñecas de sus hijas. De nuevo el ingenio ayudaba en la complicada situación, y estar con mis hijas Paula y Carla me daba vida.

Mi vida cambió. 2 años y medio de tratamiento, infinidad de trasfusiones y continuos viajes casa-hospital-casa, han condicionado mi vida posterior. Una vida que, aunque poco tiene que ver con la que tenía anterior al 2007, me ofrece la oportunidad de hacer cosas que antes no podía. Hacer teatro, estudiar o entrenar a un grupo de niñas de baloncesto ocupan parte de mi tiempo. Estar con mi familia y amigos, y verbalizar lo mucho que les quiero ocupa otro cachito. Hacer todo lo posible para que mis hijas sean felices con su padre es mi principal ocupación/preocupación a día de hoy.

Toni paciente 1

(Abril 2012), junto a mis hijas, Paula y Carla.

Quiero terminar esta historia, mi historia, tan parecida a la de muchas otras personas, tan diferente a otras tantas, dando las gracias a todo el personal del Hospital de Manacor y del Hospital de Son Llàtzer, de Palma, que en algún momento tuvieron contacto conmigo, desde enfermeros a celadores, y del personal de limpieza o de cafetería al equipo de hematólogos. Todos ellos hicieron todo cuanto pudieron para que mi paso por hospitales fuese lo menos traumático posible.

Sólo me queda decirte a ti, que donas sangre y/o plaquetas, que mis hijas nunca podrán agradecerte lo suficiente que crecen sabiendo quién es, y cómo las quiere su padre.

Toni

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Página web actualizada 15/03/2019 10:38:10